No estés triste


No estés triste, amor, por este invierno;
si entumeciera tu voz o tus manos
te templaría con un beso eterno.

No estés triste por la luna nublada,
pues es, amor, en plena medianoche
que más brilla la luz de tu mirada.

No estés triste por el tiempo y su paso;
venturas y desventuras trae siempre,
pero donde se aprende no hay fracaso.

No estés triste de amor, de amor tardío,
que alguien -quizá yo- llegará a tiempo
de llenar con sonrisas tu vacío.

No estés triste, amor de mis proezas,
cabello oscuro de noche sin luna,
no estés triste, que en tus muchas tristezas
no encuentra mi alma quietud alguna.


Samuel Álvarez Conejos

Esperanza de vida


Aún me cuesta creer que todo se haya ido,
que tantos planes e ilusiones se hayan desvanecido de la noche a la mañana.
La luz que alumbraba nuestra calle se ha apagado
y sólo queda la oscuridad de una casa desocupada y desgastada por los secretos que ocultan sus mudas paredes.

Alguna taza rota y algún vacío bote olvidado pretendían ser motivos de sonrisas,
pero acabaron en el mismo lugar que mi confianza.
Los lugares que pretendíamos conocer desconocerán nuestra presencia
y las palabras que se llevó el viento se perderán en el horizonte para nunca más volver.

Y todo ¿por qué? Nunca lo sabré.
El misterio del halo que rodea tu constante cejo fruncido desorienta a cualquier razón de ser.
Sin embargo no hay peor ciego que el que no quiere ver;
ya fue dicho que "el orgullo precede a la caída",
y ahí estás, cayendo y tratando de arrastrarme en tu decadencia.
Pero yo soy más fuerte.
Porque no hay otra opción.
Porque las falacias que se adueñan de tu irresistible boca no tienen fin;
la gota de ese veneno ha contaminado todo tu vaso
y no volveré a beber de él.

He de seguir. Y aunque duela, y aunque no entienda, seguir.
El horizonte me aguarda. El amor me aguarda. La paz me aguarda.
Porque eso es lo que traen la sinceridad, la humildad y la esperanza.


Samuel Álvarez Conejos

La amarga mentira




Llueve agua de mar en mis mejillas,
las que cual Judas tu boca ha besado;
besos de sueños -vueltos pesadillas-
de unos labios que amor han vomitado.
Una sola mentira a hurtadillas
hace falta para ser recordado
que no existe fuente que dentro carga
tanto agua dulce como agua amarga.


Samuel Álvarez Conejos

La tenue caída


Llueve, y al compás de una romanza
un candil consume, voraz, su aceite,
una hoja en su leve caer danza,
y aun cayendo consigo la esperanza,
en su fin, su vaivén es su deleite.


Samuel Álvarez Conejos

Soneto confesante


He estado esta noche pensando mucho
en que no debo evadir lo evidente,
que quien idealiza el amor se miente,
que de nada sirve oír si no escucho.

Como un cálido amanecer llegaste
abrazando mis recelos pasados,
nunca te importó si eran demasiados
y al tiempo solventaste mi desgaste.

¿Para qué engañar mis propios sentidos?
Me da miedo pensar que no exagero,
que hoy ya me eres indispensable.

Tras estos sentimientos admitidos
pretendo, más que un río pasajero,
que seas el agua de un mar estable.


Samuel Álvarez Conejos

Cazador cazado


Que no resulte extraño que me asombre
que hayas ahuyentado mi escepticismo
o que palpite en mi pecho tu nombre.

Pensé del amor ser un espejismo
que controla la mente vulnerable
impidiendo a uno ser uno mismo.

Y ahí, en ese proceso implacable,
llegaste en mi más ínfimo apogeo
filtrando mi coraza inquebrantable.

Conocimos la furia del deseo
tras tu absurdo eficaz rol de Artemisa;
desde esa noche -y hasta el fin- planeo
ser el motivo de tu sonrisa.


Samuel Álvarez Conejos

Nada que añadir, padre


Palabras cortando como papel:

limpio y, al principio, sin dolor.
Palabras tóxicas calan mi piel
como mortal veneno en inyección.
Externamente estaré pronto bien;
permanece el daño en el interior.
Pero sangrarás -y yo lloraré-
por nuestra recíproca decepción.


Samuel Álvarez Conejos

Contingencias


Podría hoy componerte
de manera muy sutil
un verso color añil,
igual que esta noche inerte.

Podría, quizá, perderme
en tus sábanas, su olor,
mientras beben mi sudor
y tú me dejas inerme.

Y podría emocionarme
al creer oír tu voz;
cuenta darme de lo atroz
que es el amor al buscarme.

Decir que si no me lees
no hay sentido al escribir,
ni en soñarte si al dormir
en mi abrazo no amaneces.

Podría estrechar tu lazo
y llenarme de ojalás,
imaginar que, quizás,
quedo dormido en tu abrazo.

Tal vez, mientras, por tu calle
lleguen versos de un autor,
algún augurio de amor,
quizá yo con algún detalle.

Quizá así des por sabido
que ser becuadro es tu rol
para mi día bemol
y mi día sostenido.


Samuel Álvarez Conejos

Cuando es tiempo de volver


Cómo volver al lugar
donde estuve enamorado,
donde he sido traicionado
y nadie me espera ya.

Cómo hallar en alguien más
el refugio de tu abrazo,
el amor que en tu regazo
exilió mi soledad.

Ven, si acaso has de venir,
y encárame con la vida,
la que hoy ya doy por perdida
al no estar tú por aquí.

Ven, si acaso has de venir,
y apretújame enseguida,
que el amor nunca se olvida
y siempre me lleva a ti.


Samuel Álvarez Conejos

Tras el olvido


Echaste tierra
sobre un amor retoño
 para que muera.

Abrazos fríos
miradas que se pierden
en tu acertijo.

Cafés, cervezas,
tantos besos pendientes
que nunca llegan.

Desconocidos;
ya no existe un nosotros
tras el olvido.


Samuel Álvarez Conejos

Llovía, llueve, lloverá


Pasan ya una o dos eternidades
desde que vi tus ojos sonreírme,
desde aquel beso que nos hizo libres
bajo lluvias de irreversibles mares.

Creí entender la voz de tu silencio 
susurrando amor a mis titubeos,
mezclé la realidad con mis deseos
y todavía no lo diferencio.

Siento la lluvia rociar nuestro abrazo
como el día que juramos querernos,
mas para ti llueve sobre mojado.

Me perforan gotas como recuerdos
mientras me pregunto con qué alegato
decidiste hacer mortal a lo eterno.


Samuel Álvarez Conejos
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