Batallas de ayer, batallas de hoy


Cuenta algún que otro viejo que, hace ya algún tiempo,
los jóvenes temían a la resignación,
y sudaban valores y construían sueños
para abatir el cansancio y convivir mejor.
Y hoy -casi consumido- busca con desespero
a algún soñador de esta extraña generación
que, lejos de andar vagando, perdido en deseos,
aún se acuerda de pedir las cosas "por favor";
y añora aquellas canciones, inmortales versos
que le inspiraban a luchar por una razón,
a soñar con horizontes lejanos e inciertos,
a recordar que el porvenir lo sembramos hoy.

Dicen que la juventud actual es negligente,
sin escrúpulos, decencia, justicia o moral;
que el alcohol y los vicios embadurnan su mente,
que no se controla ante el desenfreno sexual.
Y uno llega a cuestionarse dónde hay referentes
que prediquen con el ejemplo y con la verdad,
y que, lejos de buscar los propios intereses,
procuren el bien y den alas para volar.
Juventud loca -la llaman-, llama incandescente;
lo único que le falta es descubrir, quizás,
que las circunstancias no determinan su suerte,
sino la actitud que ante ellas decide tomar.


Samuel Álvarez Conejos
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