Ahora


Ahora que encontré mi lugar
y le di a mi vida otro sentido,
que ya no me sentía perdido
en el mar de mi inseguridad.

Ahora que volvía a dormir
y olvidé el transcurso de los años,
el sabor de besos y fracasos
que me prometí no repetir.

Ahora que dejé de creer
en quimeras y enamoramientos,
que a mí mismo me sigo mintiendo
para no permitirme caer.

Ahora apareces tú, sin más,
con tu sonrisa de media cara
y ojos cansados en la mañana,
pidiendo caricias sin hablar.

Te aproximas a curiosear
el poco criterio que le queda
a esta mente gastada -mas cuerda-
en la que te has empeñado a entrar.

Ahora me tientas a consentir
el afán de estas manos inquietas,
busconas de placer y problemas
que sólo logran encontrar en ti.

Ahora me vuelves a enseñar
lo que ya había desaprendido:
el calor de un cuerpo junto al mío
hasta que el sol los quiera despertar.

Y ahora se te ocurre leer
y me pides que yo algo te escriba,
sin saber que tu nombre es la firma
que estos versos graban en mi piel.


Samuel Álvarez Conejos

Let's dance


Let's take the dance floor,
set the beat at our time.
Don't tell me I'm selfish
if I want you for me
because, you know? our bodies
deserve something like this.

Let's forget about time,
about future and past.
No excuses, no regrets.
Tonight can be our night
as we let our kisses dance,
as we let our hearts decide.

So let's gonna drink
till we forget our names.
I'll make you see
and feel this is our space.

At the moment our eyes meet
let's dance like if it was
the first time, or the last.
I know you're thirsty, so come,
drink from the dew of my lips
the nectar of eternity.
Some people call it love, dear,
you can name it as you want,
but let's dance till crack of dawn.
yeah, let's dance till crack of dawn.

Our faces uncovered,
our secrets revealed.
Time can be recovered
for just you and me.


Samuel Álvarez Conejos

Fiel amante de cada noche


No temas, mi fiel,
que regresaré,
volverás a oler mi perfume,
volverás a sentir mi piel
como lo haces de costumbre.

Y qué placer da
poder abrazar
tus complexiones cada noche,
mis lágrimas recogerás,
como siempre, con tu roce.

Contigo, mi fiel,
veré amanecer,
y aunque a tu lado el tiempo vuele,
mi cabeza reposaré
en tu vaivén de placeres.

Qué tristeza da
tener que marchar,
dejar tu inmóvil silueta
cada mañana al despertar
entre sábanas inquietas.

Al anochecer
a ti volveré,
y, si he de irme en la mañana,
recuerda que te extrañaré,
mi querida y fiel almohada.


Samuel Álvarez Conejos

Luna en blanco y negro


Vives consciente -e indiferente-
del camino que hay bajo mis pies,
vigilas el rumbo que me ofrecen
las quimeras que escondo en mi piel.
Tu dualismo me confunde y hiere,
me arrastra a bailar a tu vaivén,
melodías de vida y de muerte
que me ciegan y que me hacen ver.
Esta noche tu aspecto sublime
revela la oscuridad y luz
en la que mi alma se divide,
y a veces gano yo, otras tú.

Vuelvo a nacer. Bebo tu calostro,
tu nociva y cabal dualidad.
Desequilibrio interno en tu rostro,
la eterna lucha entre el bien y el mal.
Me persiguen tu ángel y demonio,
turban mi indeciso corazón,
lo llenan de tu amor y tu odio,
de tu locura y de tu razón.
A veces escucho tu silencio
y a veces no puedo oír tu voz.
Esta noche, al verte, me veo,
y a veces ganas tú, otras yo.


Samuel Álvarez Conejos

Que el tiempo hable de amor


Si crecer significa olvidar,
que el tiempo no me alcance.
Que nunca me haga mayor
si dejaré de enamorarme.
Si al crecer dejaré de soñar,
que los astros se paren.
Si negarte es madurar,
que yo nunca deje de amarte.

Si al perder aprenderé a ganar
no dejes que me canse,
que no pare de intentar
ser cada día algo más grande.
Y si la vida viene y se va,
que me encuentre radiante,
que vejez no es soledad
si el amor llena nuestros planes


Samuel Álvarez Conejos

Amores olvidados


Dicen que los amores nunca se olvidan,

y que van ocupando espacio en tu corazón hasta que éste, saturado, decide no aceptar ninguno más.

Quizá sea por eso que cuanto más crecemos más cuesta dar un lugar especial a alguien

y, quizá, por eso, nadie quiere crecer.

¿Cuál es el cupo de cada uno?

¿Dónde está el límite de amar?

La gente mayor nos enseña a nunca resignarnos a amar,
y sin embargo cuántos de ellos ya se resignaron tiempo atrás...

Dicen que cada uno ha de encontrar a su mitad,

¿y si a la mía ya la llenaron otros?

¿y si, lleno su corazón de amores olvidados, no tiene hueco para mí?

Sé que no es lo más sensato, pero hoy volví al lugar donde nos conocimos.

El mar estaba como a ti te gusta: intranquilo, feroz, violento...
Te encantaba romper las olas con tu pecho, o deslizarte en ellas a la orilla.

Mientras, yo observaba...
Hoy la arena no ocupó mi toalla, y no había nadie alrededor que nos vigile.

El cielo, despejado, se movía lentamente al compás de la suave brisa que rozaba mi cuerpo desnudo; tú ya no estás para hacerlo...
Hoy la playa olía a ti,
y las libélulas de tantos colores me rodeaban buscando tu presencia, pero no la encontraron,
ni el agua invadió indiscreta tu toalla,
al igual que no encontraré yo hueco en tu corazón, lleno de amores olvidados.


Samuel Álvarez Conejos

Todo evoca tu recuerdo


Maldito el día en el que yo,
ingenuo, decidí avanzar,
seguir mi camino sin verte,
obviar que sigues en mi mente
y aceptar nuestra realidad.

Malditas canciones de amor
que se empeñan en acercar
a mi memoria tu recuerdo,
invalidando todo el tiempo
que juré tratar de olvidar.

Malditas botellas de ron,
llenas de ausencia de paz
que, acabadas e inservibles,
cambian su sabor apacible
por evocarte una vez más.

Y maldito yo, y mi amor,
ese amor que no cesará
aunque desgarre lentamente
mi esencia, e, indiferente,
en silencio te habré de amar.


Samuel Álvarez Conejos

Tal vez regreses


Tal vez regreses
si la hoguera se apaga,
si su cuerpo en tu cama
no es suficiente.

Tal vez regreses
al recordar un beso,
el sabor que -confieso-
dejé en ti adrede.

Tal vez regreses
al lugar de partida;
no hubo despedida,
tampoco suerte.

Tal vez regreses
si el frío otoñal llega
y al alba no estoy cerca;
mi cuerpo ardiente...

Mas no te engañes
si evoco nuestros besos,
que para merecerlos
ahora es tarde.


Samuel Álvarez Conejos

No dejes de buscarme


Te escapas, te escurres, "Que no salga herido..."
Tú y tu intención de guardar mis sentimientos,
sin saber que ellos sólo están a salvo contigo,
contigo acariciándolos y haciéndolos nuestros.

Me arrastro, me enfado; tú sabes que es tarde,
tarde para imaginar que no hubo nada,
tarde para tratar de olvidar lo inolvidable,
pero pronto para verte o pensar en mañana.

¿Hasta cuándo habré de esperar en mi cuarto,
intoxicado por el humo que expiran
las velas que enciendo nombrándote a cada rato,
por este amor venenoso que extingue mi vida?

Mírame y busca de nuevo
una razón sin fundamento,
una excusa para vernos,
el pretexto para un beso.

Puede que ya no recuerdes
el roce de nuestros vientres,
y ya se nos va septiembre
mientras sigo sin tenerte.


Samuel Álvarez Conejos

Haiku


Noche iniciada,
enciende su alma oscura,
la luz se apaga.

¿Volverá acaso?
El amor no perdura
tras el ocaso.

Busca la sombra,
su mente conjetura,
su voz le nombra.

Luna mordida
alumbra su figura,
su amor no olvida.

Volverá el alba,
hasta entonces perjura
que no le ama.


Samuel Álvarez Conejos

Has de saber


Has de saber que en mi memoria
reside el sabor de tu beso,
la firma que tu labio ha impreso
en los confines de mi historia.
No sé si es pronto, o ya es tarde,
para perderme en tus abrazos,
para recoger los pedazos
del amor que en mí aún arde.

Si piensas en mí todavía
rescataré del Hades mi alma,
regresará otra vez la calma
a esta constante noche fría;
y si un haz -desde tu mirada-
brilla sobre mi incertidumbre,
haré de tu amor mi costumbre
y de mi pecho haré tu almohada.

Has de saber que hoy volvería
a imaginar nuestro futuro,
juntar mi cuerpo con el tuyo,
soñar contigo esta utopía;
que volveremos a encontrarnos
solos, y en este mundo incierto,
que la esperanza aún no ha muerto
y vivirá, mientras queramos.


Samuel Álvarez Conejos

No tengas miedo


No tengas miedo si la noche es fiera,
que aún hay luz brillando en tu mirada
y ha de haber fuego que encienda esta hoguera.

No tengas miedo de no sentir nada
porque toda flor, hasta estar radiante,
se ha de regar y debe ser mimada.

No tengas miedo del viento incesante,
de su voz y su trayectoria incierta;
traerá lo que fue, y lo hará más grande.

No tengas miedo de abrirme la puerta,
entraría despacio y te diría:
"No tengas miedo si el amor despierta,
sabemos que hoy es siempre todavía."


Samuel Álvarez Conejos

Lo sabes


Sabes que estoy muriendo, ¿verdad?
por tu abrazo, pero no te importa;
sabes que me oprime esta oquedad
y que suelo comer de tus sobras.
Sabes que se consume mi piel
y que se está secando mi boca;
día y noche juegas tu papel
y yo pienso en ti, como un idiota.

Sabes que aún nadan en el mar
las olas que guardan nuestros besos,
y aun sabiendo que no se ahogarán
prefieres mantenerlo en secreto.
Que te echo en falta, lo sabes bien,
tu indiferencia es mi desconsuelo.
Por saber, sabes que mentiré
cuando preguntes por estos versos.

Quizá sea mi error desear lo que no está a mi alcance,
Quizá sea el tuyo al no apreciar lo que tienes delante...


Samuel Álvarez Conejos

Aún no es tarde


Tú aún no lo entiendes,
pero al despertar
conmigo amaneces;
lo haces en mi mente.

Tú aún no lo has hecho,
pero yo volví
al lugar de encuentro,
el de nuestros cuerpos.

Tú aún no lo crees,
pero guardo en mí
todas esas veces
que dijimos "siempre".

Tú aún no lo sabes,
pero pienso en ti
y que nunca es tarde
si hay amor que late.


Samuel Álvarez Conejos

Barruntos


"¿Y si algo sucediera?"
-susurra el aullido de tu mirada
bajo una luna llena-.
Y el amor, cual espada,
clava su filo en mi alma confiada.

Hoy noche de desvelo
tras encontrarse nuestros cuerpos juntos,
despegamos ya el vuelo;
besos y otros asuntos
se ocuparán de afirmar mis barruntos...


Samuel Álvarez Conejos

Una semana


Una semana, no ha hecho falta más
para conocer tu cálido cuerpo,
para perderme en las olas del mar
donde ruge nuestro amor en silencio,
donde se ciernen los rayos de un sol
testigo de nuestros ávidos besos,
que van de tu boca a mi corazón
para volver a ti en forma de versos.

Una semana, y ¿para qué más?
si ya he descubierto que, en mi pecho,
se amoldan las caricias que me das,
si me he percatado que, en tu cuello,
mis labios se saturan de embriaguez;
lo descubres para que, cual vampiro,
imprima mis colmillos en tu piel,
y ahí, ahí es donde hallan su delirio.

El tiempo es nuestro mientras lo queramos;
el horizonte, nuestro porvenir.
Atrévete a tomarme de la mano;
prometo jamás prescindir de ti.


Samuel Álvarez Conejos

Susurros al oído


Los años se escurren, cual reptil,
de entre las manos, y hoy soy más viejo;
mientras tanto seguimos aquí
preguntándonos si bien haremos
en no mirar atrás y seguir,
si somos -o ya no- dos extremos,
si guardamos la lluvia de abril
que nos sedujo con sus recuerdos...
Mas yo sé que ya no es para mí
el néctar divino de tus besos,
y moriré esperando por ti,
por verte refugiada en mi pecho.

No me negarás que en el ayer
fui el oasis para tu desierto,
y fuiste tú el sello, a la vez,
que firmó mi eterno juramento;
y aunque ahora no lo quieras ver,
sé que retendrás en tu recuerdo
lo que al oído te susurré
y de lo que nunca me arrepiento:
"Ssh… calla y hazme tuyo, mujer;
las palabras se las lleva el viento,
pero no los besos…" y esperé,
amor, tú ya conoces el resto...

Hay veces que persuade el temor
filtrando en nuestra piel su veneno,
poniéndonos a contrarreloj
tras tantas sonrisas y besos.
Nunca sospeches que tú y yo
no vivimos los mejores versos,
que nadie desprestigie el valor
ni las ganas de alcanzar lo eterno;
pues en esto sé que es amor
lo que devolvía nuestro espejo,
que desde el principio y hasta hoy
nunca hubimos de decir "lo siento".


Samuel Álvarez Conejos

Palabras para una boda


Dos almas se han acercado
para unirse en este día,
cediendo su soltería,
declarándose su amor.
Han venido a recordarnos
el valor de una promesa,
que el amor todo lo espera
y que en éste no hay temor.
Y qué es amor
sino la abstracta evidencia
de que no estamos vacíos;
la explicación-
la mayor de las certezas-
a que aún sigamos vivos.

Nunca olvidéis, desde ahora,
dar un "te amo" afectivo,
sonreíros sin motivo,
pedir y ofrecer perdón.
Pues son pequeños detalles
los que la vida agradece,
y cada día amanece
esperando a estar con Dios.
Os hará ir
por sendas, sendas de ensueño,
será vuestro pan y vino;
fuerza motriz
que, en los tiempos inciertos,
os guiará al mismo destino.


Samuel Álvarez Conejos

Batallas de ayer, batallas de hoy


Cuenta algún que otro viejo que, hace ya algún tiempo,
los jóvenes temían a la resignación,
y sudaban valores y construían sueños
para abatir el cansancio y convivir mejor.
Y hoy -casi consumido- busca con desespero
a algún soñador de esta extraña generación
que, lejos de andar vagando, perdido en deseos,
aún se acuerda de pedir las cosas "por favor";
y añora aquellas canciones, inmortales versos
que le inspiraban a luchar por una razón,
a soñar con horizontes lejanos e inciertos,
a recordar que el porvenir lo sembramos hoy.

Dicen que la juventud actual es negligente,
sin escrúpulos, decencia, justicia o moral;
que el alcohol y los vicios embadurnan su mente,
que no se controla ante el desenfreno sexual.
Y uno llega a cuestionarse dónde hay referentes
que prediquen con el ejemplo y con la verdad,
y que, lejos de buscar los propios intereses,
procuren el bien y den alas para volar.
Juventud loca -la llaman-, llama incandescente;
lo único que le falta es descubrir, quizás,
que las circunstancias no determinan su suerte,
sino la actitud que ante ellas decide tomar.


Samuel Álvarez Conejos

Amiga mía




El tiempo que cargamos a nuestra espalda
me hace sentir en deuda con tu amistad,
como si yo te debiera unas palabras
que intuyes pero nunca llegué a expresar;
y aunque el tiempo, o -más bien- las decisiones
separaron nuestros caminos y ya,
lejos de vernos por todos los rincones
hemos de ir a buscarnos a algún bar,
necesita más días el calendario
para contar los días de playa y sol,
bicicletas y hasta algún que otro escenario,
campamentos y cualquier buena canción.
Y ahora, tan cerca, te veo tan lejos,
que extraño esa perversa complicidad,
dejando en la noche a un lado los consejos
que toda la vida habremos de escuchar.

Amiga mía, ven y enséñame el arte
que aún guarda tu sonrisa al natural,
pues lo bello de la vida se comparte
y se hace incluso más bello en la amistad.
Y amiga mía, guárdate los colores,
que nos conocemos y no hay vuelta atrás;
y mientras nos vamos haciendo mayores
más te echo en falta y más te quiero cuidar.


Verás que vendrá alguna noche de frío,
"cruel destino" pensarás, en el salón,
pero recuerda siempre que un buen amigo
acompaña mejor que cualquier licor.
Ante las dudas y los interrogantes
permítete obviarlos e ignora su afán,
pues si ven que decides seguir adelante
quizás se retraigan, quedándose atrás.
Y asómate cada día a la ventana,
ríete del tiempo, llueva o haga sol;
mírate en el espejo cada mañana
sabiendo que posees un gran valor.
Nunca te olvides de reservarme el baile
de las bodas que celebremos los dos,
y ten siempre, siempre presente que nadie
se merece tus lágrimas por amor.

Amiga mía, ven y dime, como antes,
que, pase lo que pase, todo irá bien,
que te inspiro si decido ir adelante,
que la vida termina al perder la fe.
Y amiga mía, hazme memoria de nuevo
de las batallas que logramos ganar,
aquellos días en que el tiempo era nuestro
y prometimos no rendirnos jamás.


Samuel Álvarez Conejos

Todo eso que, tal vez, sólo a mí me pasa



Tal vez sea el único, pero hay veces que me pasa,
que decido aislarme en canciones que yo mismo sé
que no levantarán mi ánimo, sino, más bien,
despertarán -otra vez- en mi mente la nostalgia.

Tal vez sea el único, no lo sé, pero me pasa,
que de entre todas las voces que hay para atender,
sea voluntariamente, o sea sin querer, 
acabo haciendo caso a la que es menos sensata.

Y tal vez, entre tanta gente, sólo a mí me pasa,
pero suelo recordar el aroma de tu piel,
aquél que conducía a mi razón a enloquecer,
rindiendo mi apetito a los designios de tu cama.

Y es que sería extraño que sólo a mí me pasara,
que cuando imagino lo que hubo de ser y no fue,
me saturan los recuerdos que nos quedan de ayer
mientras sigo anhelando tenerte cada mañana.


Samuel Álvarez Conejos

Susurros del viento


¿Cómo eludir un futuro de incertidumbre
si al mirar alrededor lo ves todo igual?
Temo aceptar que el día a día me acostumbre
a ser quien no soy y a no quererlo cambiar;
a un presente prisionero en la pesadumbre,
tan monótono como las olas del mar,
que al mirar la sombra del pasado descubre
que el tiempo vivido ya jamás volverá.

¿Durante cuánto tiempo puede una persona
evadirse de la evidente realidad?
Como si al brotar un recuerdo en la memoria,
ésta lo omita fingiendo disimular.
Y si el viento acercara un lapso del pasado
-aquél olvidado que nunca ha de tornar- 
¿a quién, entonces, abrazarían mis brazos
si en su hora decidí negar la verdad?

Hay personas que, aunque te tengan afecto,
más de una vez pueden hacerte llorar
porque te tratan como a alguien incompleto,
como a un juguete roto al que hay que arreglar;
como si aquello que te hace ser imperfecto
eclipsara la esencia de tu identidad
y hasta que no lograras haberlo resuelto
hubieras de creer que te falta algo más.

Mas no te entristezcas por mi melancolía, 
pues dicen que al poeta le inspira el pesar
y así se han creado las mejores poesías,
los versos más bellos que nadie olvidará.
Y es que estas palabras no son tuyas, ni mías,
ni del papel donde escritas van a quedar;
son del viento, que trae la pena y la alegría
susurrando al oído a quien quiere escuchar.


Samuel Álvarez Conejos

Luna dorada


Tras un manto de azul intenso
más allá del horizonte invernal,
la noche procesa su ascenso
y las nubes anidan su hogar.
Se detalla allí la silueta
de una reina ataviada como tal,
es la luz nocturna que, quieta,
complementa a tanta oscuridad.

Las montañas de largas faldas

esconden los secretos del amor,
las cubren bosques de esmeraldas
que al viento susurran su canción.
Y en el lago de los deseos
insaciables, como el anochecer,
el agua siente el cosquilleo
de las estrellas que en él se ven.

Y bajo estas áureas figuras

y en la cima de la disconformidad,
sea por mucha, o poca cordura,
mi alma se ha resuelto a preguntar.
Y pregunta a la noche estrellada
si el amor que se ha ido volverá
y, al igual que esta luna dorada,
cada noche volverá a brillar.


Samuel Álvarez Conejos
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