Susurros al oído


Los años se escurren, cual reptil,
de entre las manos, y hoy soy más viejo;
mientras tanto seguimos aquí
preguntándonos si bien haremos
en no mirar atrás y seguir,
si somos -o ya no- dos extremos,
si guardamos la lluvia de abril
que nos sedujo con sus recuerdos...
Mas yo sé que ya no es para mí
el néctar divino de tus besos,
y moriré esperando por ti,
por verte refugiada en mi pecho.

No me negarás que en el ayer
fui el oasis para tu desierto,
y fuiste tú el sello, a la vez,
que firmó mi eterno juramento;
y aunque ahora no lo quieras ver,
sé que retendrás en tu recuerdo
lo que al oído te susurré
y de lo que nunca me arrepiento:
"Ssh… calla y hazme tuyo, mujer;
las palabras se las lleva el viento,
pero no los besos…" y esperé,
amor, tú ya conoces el resto...

Hay veces que persuade el temor
filtrando en nuestra piel su veneno,
poniéndonos a contrarreloj
tras tantas sonrisas y besos.
Nunca sospeches que tú y yo
no vivimos los mejores versos,
que nadie desprestigie el valor
ni las ganas de alcanzar lo eterno;
pues en esto sé que es amor
lo que devolvía nuestro espejo,
que desde el principio y hasta hoy
nunca hubimos de decir "lo siento".


Samuel Álvarez Conejos

Palabras para una boda


Dos almas se han acercado
para unirse en este día,
cediendo su soltería,
declarándose su amor.
Han venido a recordarnos
el valor de una promesa,
que el amor todo lo espera
y que en éste no hay temor.
Y qué es amor
sino la abstracta evidencia
de que no estamos vacíos;
la explicación-
la mayor de las certezas-
a que aún sigamos vivos.

Nunca olvidéis, desde ahora,
dar un "te amo" afectivo,
sonreíros sin motivo,
pedir y ofrecer perdón.
Pues son pequeños detalles
los que la vida agradece,
y cada día amanece
esperando a estar con Dios.
Os hará ir
por sendas, sendas de ensueño,
será vuestro pan y vino;
fuerza motriz
que, en los tiempos inciertos,
os guiará al mismo destino.


Samuel Álvarez Conejos
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