Toda mi vida



Extraño todo de ti
y anhelo verte a cada instante;
llamaste a la puerta de mi corazón,
entraste tus maletas y te instalaste.
Ahora no hay manera de hacerte salir
y ni si quiera veo nada como antes,
pero me gusta que estés aquí
y haré lo que sea para que no te marches.

Extraño ver esos ojos
oscuros como la noche,
que me miren de esa manera
en que la luna se enciende
y brilla como una estrella,
y no puedo hacer más que mirarlos
y creer que sólo conmigo
es con quien ellos sueñan.

Extraño el sabor de tus labios
y ver tu sonrisa traviesa,
tomar tus manos con la mías
mientras la noche pasa lenta.
Extraño el tacto y olor de tu pelo
y dejar al tiempo que corra,
nada importa de lo que hay afuera;
estamos tú y yo, y eso sobra.

Extraño cada minuto
que he pasado contigo
y pienso en el tiempo juntos
que aún nos debe el destino.
Quiero estar a tu lado
y verte sonreír cada día,
despertar cada mañana
junto a ti, toda mi vida.


Samuel Álvarez Conejos

Suerte, amor y locura


Han perdido valor las palabras “amor” y “siempre”
por usarse en momentos inadecuados
y, aunque me he cansado de escucharlas continuamente,
vuelven a tener sentido a tu lado.
Es una locura quererte, como lo es el amor y como lo es la suerte,
la suerte de haber encontrado tu amor
y la locura de pensar en amarte siempre.

Es por el roce de tus labios que mi boca está en un sueño
y necesito sentir cómo bajan desde mi oreja hasta mi cuello.
Mi piel se seca lentamente mientras tu boca está tan lejos,
oh, maldita distancia… se ahoga mi alma en deseo.
Mis manos se han hecho adictas a acariciar tu suave pelo,
a abrazarte, en tus abrazos, y a rodear todo tu cuerpo.
No olvidaré tu mirada, que me hace subir hasta el cielo
y esperaré, ardientemente, hasta poder verla de nuevo.

Incluso mi corazón se ha ligado a estos sentimientos,
ahora dominan mi mente y no puedo detenerlos;
se han adueñado, junto a ti, de mis pensamientos
pero no haré resistencia y los guardaré muy, muy adentro.

Empiezo a creer que el destino juega a nuestro favor
y me arriesgaré a creer en esta aventura,
pues vuelvo a sentir vida y fuego en mi corazón
y así él prefiere llamarlo: "suerte, amor y locura".


Samuel Álvarez Conejos
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