Inspiración



Como olas de mar que vienen y van,
nómada por ventura, no tiene hogar.
Compañera de muchos, dama de azar,
hoy está aquí, mañana ya no, quizás.

Prisionera es de historias de amor,
melodías que un día serán canción.
Es bálsamo para el quebranto y dolor,
enjuga las lágrimas del corazón.

Dama de la tinta, pluma y papel,
quien no la retiene la ha de perder,
pues lo que no queda escrito -bien lo sé-
tan solo ella puede evocarlo otra vez.

Va disfrazada de luna y de sol,
personas, paisajes, quizá de un olor...
Es anhelada por su íntimo don,
en sus susurros hay odio y hay amor.

Es dama errante que el viento traerá,
a veces discreta, a veces mortal.
Surge en la noche como estrella fugaz
y solo Dios sabe cuándo volverá.


Samuel Álvarez Conejos

Luna azul



Mira a la luna imponente,
de zafiro viste hoy,
su mirada vehemente
me intimida el corazón.
Sus caricias atrevidas
son reflejos del fulgor,
en su seno el frío anida,
en su halo su calor.

Mira al mar embravecido,
dime quién lo calmará,
quién detendrá sus gemidos,
privarle su libertad.
Dime cuántas olas rompen
bramando en la oscuridad,
dibujando el horizonte
donde siempre volverán.

Mira al cielo inmenso y dime
dónde nace su color,
¿sobre una luna sublime,
o aún más allá del sol?
Dime en qué lugar se esconden
las respuestas al amor,
mira al cielo y dime dónde,
dónde hay lugar para dos.


Samuel Álvarez Conejos

Lluvia de cenizas


Está hecho, y lo hecho, hecho está.
Entre lluvia de frías cenizas
y con el corazón aún sangrando,
la brújula que dirige mi vida
desde hoy ya no señala tu lugar.
Mientras los recuerdos se esconden
en el infinito rincón para ti,
me abro paso, camino al horizonte,
donde se encuentra mi porvenir.
Esperanza, fuerza y fe
reservo cauteloso en mi salida,
sin nada más que perder,
y sin nadie que me lo impida.
Las memorias que perseguía ayer
encontrarán lugar de partida,
con mirada triste las despediré
sin permitir que ellas me persigan.
Y los errores que me hicieron caer
de la ilusión que nació algún día,
como cenizas que el viento trae,
aunque parezcan estar de visita,
no hallarán lugar donde ser,
no hallarán en mi alma cabida;
no dejarán en mi boca otra vez 
el amargo sabor de la despedida.


Samuel Álvarez Conejos
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