Tirita


Vienes entre sangre y fuego,
como bálsamo sutil
y primavera de abril,
dando vista al que es ciego.

Fuego incendiario en tus ojos,
cerveza, vino y anís,
colores se vuelven gris;
solo tus labios son rojos.

Alivia el dolor tu risa,
das vida donde morí,
quédate cerca, aquí,
que ya mi boca improvisa.

Ay, ay, amor de tirita,
que algún día te me irás
y en mi alma dejarás
otra cicatriz escrita.


Samuel Álvarez Conejos

Sequía


Hay sequía
en mis labios
y en mis letras,
en el mundo
y en sus guerras
tan lejanas,
tan ajenas
a mi acera.

Hay sequía
en mis nubes,
mi almohada,
sus caprichos,
mi esperanza...
En mis versos
no hay palabras,
pan, ni agua.

Melodía
son tus ojos,
tus mejillas,
tu tez rosa,
tersa, fría...
En tu cuerpo
muere viva
mi sequía.


Samuel Álvarez Conejos

Empezar de cero


Creíamos que nos faltaba algo por descubrir,
pero el tiempo enseña que a veces un “para siempre” dura apenas un instante,
y que recuperar aquel instante en que lo teníamos todo, es tan utópico como volver atrás
-al tiempo en que los sueños y los retos eran alcanzables, y se alcanzaban.

Ahora en la estantería sólo quedan algunos regalos rotos que no estaban destinados a perdurar.
No es culpa mía, ni tuya. De ninguno, o quizá de los dos.
Hemos sido como dos narizones intentado besarse.
Y yo todavía soy un cajón de errores por ordenar;
no sé si cada día me encuentro o me pierdo más.
A veces no sé, si debería pensar con el corazón o con la mente,
y me pregunto si soy cruel,
pero termino convenciéndome que lo cruel sería ver esperanza donde solo hay dos caminos empedrados que conducen a distintos lugares
y que simplemente se cruzan durante un instante eterno, para luego continuar cada uno su rumbo.

El horizonte se encuentra con la vista al cielo y el corazón en la mano.
Y me pregunto: ¿cuántas veces en la vida es necesario empezar de cero?
Y me respondo: las necesarias, supongo, hasta que uno acaba encontrándose a sí mismo.



Samuel Álvarez Conejos

Retales de pensamientos


Imagina sólo por un momento
que el mar embravecido halla la calma.
Imagínate que voy a tu encuentro
y que, una vez más, tu amor me abraza.
Imagina que los rencores mueren
y que todas nuestras lágrimas cesan,
y que nuevas sonrisas amanecen
llenando de melodías mis letras.

Imagínate rotos los espejos
y encontrándonos a nosotros mismos,
descubrir que -quitados los complejos-
tampoco es que seamos tan distintos.
Imagina que vuelvo a encontrar fuerzas
en la música que tu nombre inspira;
canciones desesperadas y eternas
que consiguen devolverme la vida.

Imagina que al fin
dejo de fingir que cada poema 
arrancado de tu mirada
son sólo palabras.


Samuel Álvarez Conejos

Consejos omitidos


Jamás nadie nos dijo
que, en ocasiones, vienen tormentas
en las que no hay cobijo,
sólo abrazarte a tientas
y buscarte al perderme, si te ausentas.

Que el perdón es urgente
nadie nos contó, ni dio la noticia;
que no nos es prudente
reclamar la delicia
de venganza con disfraz de justicia.

Del tiempo y sus heridas,
del desvanecimiento de las horas
en años convertidas,
que lloro si tú lloras…
sólo yo te aviso aunque sé me ignoras.


Samuel Álvarez Conejos

Amorfo poema de amor


Verte es resurgir mi conciencia de las cenizas,
y comprender que se me pasa la vida
pensando que los años corren en vano a nuestro paso
y que seguimos tan solos como entonces,
cuando la primavera sellaba el ocaso en nuestros ojos
y asentaba su olor sobre nuestros cuerpos desnudos
para así entender que, mientras nuestra mirada siguiese unida,
la distancia nunca sería la razón de nuestra soledad ni lejanía,
y que el amor que profesaban nuestras remotas caricias,
tan etéreas e intangibles como la sombra del fuego
-aquél fuego incendiario que preferimos no atenuar-,
era lo único que necesitábamos para existir, y nada más.
Pero todo sueño tiene su despertar,
y ahí seguimos, mirándonos de lejos,
cada uno a un extremo de la eternidad.


Samuel Álvarez Conejos

Lo único que tengo


Esperas insomne una bella poesía
que te impregne adonde la vista no alcanza;
la esperas -aunque no cese su tardanza-
como agua de lluvia el desierto ansía.

Nada puede embriagar la copa vacía,
y habrás de perdonar esta malandanza;
lo más bello que hoy me queda es la esperanza
que seguiremos sumando un nuevo día.


Samuel Álvarez Conejos
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