Amores olvidados


Dicen que los amores nunca se olvidan,

y que van ocupando espacio en tu corazón hasta que éste, saturado, decide no aceptar ninguno más.

Quizá sea por eso que cuanto más crecemos más cuesta dar un lugar especial a alguien

y, quizá, por eso, nadie quiere crecer.

¿Cuál es el cupo de cada uno?

¿Dónde está el límite de amar?

La gente mayor nos enseña a nunca resignarnos a amar,
y sin embargo cuántos de ellos ya se resignaron tiempo atrás...

Dicen que cada uno ha de encontrar a su mitad,

¿y si a la mía ya la llenaron otros?

¿y si, lleno su corazón de amores olvidados, no tiene hueco para mí?

Sé que no es lo más sensato, pero hoy volví al lugar donde nos conocimos.

El mar estaba como a ti te gusta: intranquilo, feroz, violento...
Te encantaba romper las olas con tu pecho, o deslizarte en ellas a la orilla.

Mientras, yo observaba...
Hoy la arena no ocupó mi toalla, y no había nadie alrededor que nos vigile.

El cielo, despejado, se movía lentamente al compás de la suave brisa que rozaba mi cuerpo desnudo; tú ya no estás para hacerlo...
Hoy la playa olía a ti,
y las libélulas de tantos colores me rodeaban buscando tu presencia, pero no la encontraron,
ni el agua invadió indiscreta tu toalla,
al igual que no encontraré yo hueco en tu corazón, lleno de amores olvidados.


Samuel Álvarez Conejos

Todo evoca tu recuerdo


Maldito el día en el que yo,
ingenuo, decidí avanzar,
seguir mi camino sin verte,
obviar que sigues en mi mente
y aceptar nuestra realidad.

Malditas canciones de amor
que se empeñan en acercar
a mi memoria tu recuerdo,
invalidando todo el tiempo
que juré tratar de olvidar.

Malditas botellas de ron,
llenas de ausencia de paz
que, acabadas e inservibles,
cambian su sabor apacible
por evocarte una vez más.

Y maldito yo, y mi amor,
ese amor que no cesará
aunque desgarre lentamente
mi esencia, e, indiferente,
en silencio te habré de amar.


Samuel Álvarez Conejos

Tal vez regreses


Tal vez regreses
si la hoguera se apaga,
si su cuerpo en tu cama
no es suficiente.

Tal vez regreses
al recordar un beso,
el sabor que -confieso-
dejé en ti adrede.

Tal vez regreses
al lugar de partida;
no hubo despedida,
tampoco suerte.

Tal vez regreses
si el frío otoñal llega
y al alba no estoy cerca;
mi cuerpo ardiente...

Mas no te engañes
si evoco nuestros besos,
que para merecerlos
ahora es tarde.


Samuel Álvarez Conejos
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