14 de enero de 2015

Dame un abrazo



Ven, ven y dame un abrazo,
uno salvaje y eterno,
quizá así, en este invierno,
trae del verano un retazo.

Un abrazo quizá baste
para acallar la conciencia,
superar la inexperiencia
y subsistir al desgaste.

Ven, ven a mi encuentro
y sólo abrázame mucho,
da igual si me despelucho
si me solventa por dentro.

Un abrazo es suficiente
si el alma va adjunta al mismo;
brotará agua del abismo
si este abrazo es una fuente.


Samuel Álvarez Conejos

20 de diciembre de 2014

No estés triste


No estés triste, amor, por este invierno;
si entumeciera tu voz o tus manos
te templaría con un beso eterno.

No estés triste por la luna nublada,
pues es, amor, en plena medianoche
que más brilla la luz de tu mirada.

No estés triste por el tiempo y su paso;
venturas y desventuras trae siempre,
pero donde se aprende no hay fracaso.

No estés triste de amor, de amor tardío,
que alguien -quizá yo- llegará a tiempo
de llenar con sonrisas tu vacío.

No estés triste, amor de mis proezas,
cabello oscuro de noche sin luna,
no estés triste, que en tus muchas tristezas
no encuentra mi alma quietud alguna.


Samuel Álvarez Conejos

28 de noviembre de 2014

Esperanza de vida


Aún me cuesta creer que todo se haya ido,
que tantos planes e ilusiones se hayan desvanecido de la noche a la mañana.
La luz que alumbraba nuestra calle se ha apagado
y sólo queda la oscuridad de una casa desocupada y desgastada por los secretos que ocultan sus mudas paredes.

Alguna taza rota y algún vacío bote olvidado pretendían ser motivos de sonrisas,
pero acabaron en el mismo lugar que mi confianza.
Los lugares que pretendíamos conocer desconocerán nuestra presencia
y las palabras que se llevó el viento se perderán en el horizonte para nunca más volver.

Y todo ¿por qué? Nunca lo sabré.
El misterio del halo que rodea tu constante cejo fruncido desorienta a cualquier razón de ser.
Sin embargo no hay peor ciego que el que no quiere ver;
ya fue dicho que "el orgullo precede a la caída",
y ahí estás, cayendo y tratando de arrastrarme en tu decadencia.
Pero yo soy más fuerte.
Porque no hay otra opción.
Porque las falacias que se adueñan de tu irresistible boca no tienen fin;
la gota de ese veneno ha contaminado todo tu vaso
y no volveré a beber de él.

He de seguir. Y aunque duela, y aunque no entienda, seguir.
El horizonte me aguarda. El amor me aguarda. La paz me aguarda.
Porque eso es lo que traen la sinceridad, la humildad y la esperanza.


Samuel Álvarez Conejos

27 de noviembre de 2014

La amarga mentira




Llueve agua de mar en mis mejillas,
las que cual Judas tu boca ha besado;
besos de sueños -vueltos pesadillas-
de unos labios que amor han vomitado.
Una sola mentira a hurtadillas
hace falta para ser recordado
que no existe fuente que dentro carga
tanto agua dulce como agua amarga.


Samuel Álvarez Conejos

29 de septiembre de 2014

La tenue caída


Llueve, y al compás de una romanza
un candil consume, voraz, su aceite,
una hoja en su leve caer danza,
y aun cayendo consigo la esperanza,
en su fin, su vaivén es su deleite.


Samuel Álvarez Conejos

17 de agosto de 2014

Soneto confesante


He estado esta noche pensando mucho
en que no debo evadir lo evidente,
que quien idealiza el amor se miente,
que de nada sirve oír si no escucho.

Como un cálido amanecer llegaste
abrazando mis recelos pasados,
nunca te importó si eran demasiados
y al tiempo solventaste mi desgaste.

¿Para qué engañar mis propios sentidos?
Me da miedo pensar que no exagero,
que hoy ya me eres indispensable.

Tras estos sentimientos admitidos
pretendo, más que un río pasajero,
que seas el agua de un mar estable.


Samuel Álvarez Conejos

28 de mayo de 2014

Cazador cazado


Que no resulte extraño que me asombre
que hayas ahuyentado mi escepticismo
o que palpite en mi pecho tu nombre.

Pensé del amor ser un espejismo
que controla la mente vulnerable
impidiendo a uno ser uno mismo.

Y ahí, en ese proceso implacable,
llegaste en mi más ínfimo apogeo
filtrando mi coraza inquebrantable.

Conocimos la furia del deseo
tras tu absurdo eficaz rol de Artemisa;
desde esa noche -y hasta el fin- planeo
ser el motivo de tu sonrisa.


Samuel Álvarez Conejos
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