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27 de julio de 2024

Explosión de sentimiento


Escribo versos arrancados
de mi coraza, de mi tinta,
con esta mano que tu inspiras,
y este vicio es su perdición.
Mi cuerpo está deshabitado
y mi mente se debilita,
no esperes a que te lo pida,
tu caricia es mi salvación.

He atravesado verdes prados
y tormentas con voz de trueno,
he aprendido que con denuedo
cualquiera puede ver el sol.
Y aquí me encuentro, sin embargo,
pensando en que aún no te tengo,
ya no hay lágrimas, ya no hay miedo,
nunca es tarde para el perdón.

Tú ya no miras hacia abajo,
y no puedo mirar arriba,
prometiste que volverías
y todo tiene otro color.
Y ahora me siento cansado,
es tarde, estoy a la deriva,
tarde para cambiar de vida,
para escribir una canción.

Llevo tanto tiempo buscando
momentos y versos perfectos,
pero si tú no estás en ellos,
la verdad, no tienen valor.
Hazme memoria del pasado,
quiero abrir mi mente a mil ecos
que lleven tu nombre en su seno,
toda tu esencia hecha expresión.

Pasé mucho tiempo intentando
encontrar alguna salida,
la respuesta a tu gran enigma,
dar sentido a esta confusión.
Y por el camino he encontrado 
innumerables melodías
con dos únicas compañías,
que son mi piano y mi aflicción.

¿Regresarás ante el llamado?
¿Adónde has ido? No te veo,
sombras cobijan mi sendero
desde que la luz se apagó.
Sin ti me siento abandonado,
como un niño sin su maestro.
¿Adónde iré sin tu consejo?
Una ley para el corazón.

¿Qué me hace falta? ¿Qué he olvidado?
Antes el río hacia el mar fluía.
En tu mesa, donde comía,
ya no hay espacio para dos.
¿Dónde he llegado? ¿Qué he alcanzado?
Si soy una utopía extinguida
sé tú el sueño que me reviva
y así viviré de tu amor.

Llevo tanto tiempo esperando
por una señal, un recuerdo,
que no he sido capaz de verlo,
que el destino está en nuestra voz.
Hay demasiado acumulado
bajo mi coraza de hielo,
que tanto, tanto sentimiento
necesitaba una explosión.

  
Samuel Álvarez Conejos 

7 de diciembre de 2021

La cierta incerteza

 

 
 
La esperanza es, dicen, lo último que duerme.
Y razón nos les quito, que así ha sucedido,
pues ni eso queda ya, cariño, tras perderme
en esos ojos llenos de otoño y de olvido.

Quedaré resignado, ceñido en mis temblores,
mientras llega el invierno a estas manos frías.
Sin tu voz, sin tu verbo, tu néctar de mil flores,
morirán destempladas, rugosas y vacías.
 
Al perder la costumbre de armarme de tu risa,
de enredarse mis dedos, rizados en tu pelo,
o advertir tu mirada quitando mi camisa,
sumiré envejecido en noches de desvelo.
 
Huiré de la amnesia que intenta hacerme cuerdo
a esperar, sin promesas, del hado algún guiño.
Y amará engurruñada mi alma tu recuerdo
con la fe inocente y terca de un niño.


Samuel Álvarez Conejos

21 de mayo de 2021

Desmemoria

 
Tristes versos cargados de añoranza,
traslúcido rocío de viñedos,
se deslizan con brío por mis dedos
en busca de un ápice de esperanza.

Mi rostro ya no es aquel lampiño
de quien soñaba absorto con la luna.
La ilusión se convirtió en laguna;
nació un hombre, mas murió un niño.

Los recuerdos devienen en olvido
y la esperanza es un alba lejano,
el marrón que antes era verano
a ojos del que olvida lo vivido.

Quizás haya crecido demasiado
y derribar molinos ya no sea
afán de quien perdió a Dulcinea
en el andar del camino cansado.

Volver, quién pudiese volver a verte
y soplar mariposas en tu palma.
Tu voz era manantial a mi alma,
nuestro amor, mayor que la misma muerte.

Volver, a los tiempos de lo posible,
donde la soledad no daba miedo
porque sin sorteos y con denuedo
echaste en mí tu ancla irreversible.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 


7 de enero de 2021

La noche expuesta en nuestro abrazo


No cabía esperar que, encontrarte,
volvería de nuevo a revocar
tanta, tanta esperanza malgastada.
Aquella noche entendí que lo eterno
no es eterno en sí mismo,
sino que está forjado y lo compactan
incontables y efímeros momentos.

No hizo falta nada más esa noche.
Nada más que una luna casi llena
sujeta, en un abrazo de madre,
por la bóveda celeste serena
que incauta desnudaba,
sobre el canto de un sigiloso mar
parte de sus recónditos misterios.

Enfurecieron, celosas de vernos,
el agua las nereidas,
bajo el acecho de tímidos astros,
y se encrespó al son de un cielo sin alma.
Pues en medio de la afilada arena,
del cierzo y de las indomables olas
tan sólo tú y yo éramos la calma.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

19 de noviembre de 2020

Estaciones



Nos conocimos
viendo el mar y la luna
tras el verano
 
Cuando marchaste
me quedé como al árbol
deja el otoño.
 
No regresaste,
igual que el sol escapa
al frío invierno.
 
Hay esperanza,
nacerá un nuevo brote
en primavera.


Samuel Álvarez Conejos

8 de abril de 2020

Abril


Arrópame, que tengo frío. 
Besa mi alma sin pedirme permiso
y recuérdame lo que es sentir.
Abrázame al calor de las velas,
bajo esta húmeda luna de abril.
Cubre mi corazón de tierra fértil
y planta la semilla del amor.
Que en esta espontánea primavera
florezca en mí el vigor que emana vida,
así como en el cerezo brota la blanca flor.
Háblame del destino,
aquél escurridizo innombrable
que deambula cual céfiro distraído
buscando un cambio al que aferrarse
en ausencia de una decisión.
Y háblame de nuestros sueños
para que resurja la esperanza,
la misma que había en tus ojos,
donde solía perderme noches eternas,
donde el amanecer era un suspiro
y siempre era viernes entre tus piernas.


Samuel Álvarez Conejos

26 de julio de 2019

Soy el mismo


Sigo siendo el mismo
que te llevó a descubrir lugares
donde nadie antes te llevó.
El mismo que te sorprendió,
dejándote la mirada atónita
hasta más allá de la puesta de sol.

Sigo siendo el mismo
con quien puntualmente amanecías
y de quien esperabas las buenas noches.
El mismo que te enseñó que las ganas
pueden vencer a las circunstancias;
quien te raptó para llevarte a ver el mar en coche.

Sigo siendo el mismo
que velaba tus sueños
y ahuyentaba tus pesadillas.
El mismo que haría lo imposible
por un abrazo tuyo,
de esos donde me pasaría la vida.

Sigo siendo el mismo
que te dedica poemas
y alguna que otra canción.
El mismo al que le cuesta decir adiós,
y que sigue cometiendo errores
por pensar con el corazón. 

Soy quien se pregunta, cariño,
si volveré a ver ilusión en tus ojos,
si volveré a ver contigo el mar.
Soy quien espera alguna señal
que reviva la esperanza,
y volver a hacer de nuestra rutina algo especial.


Samuel Álvarez Conejos

4 de julio de 2019

Sueños dormidos



¿No te da miedo esta rutina?
Nos rodean muros llenos de puertas
que nunca nos atrevemos a cruzar.
Y el camino que pisas
es lo único que tienes;
lo único que tendrás.

¿No te desgastan las expectativas?
Las calles se llenan de verano
mientras esperamos por una señal.
Y cada instante que pierdes
es lo único que tienes;
lo único que recordarás.

¿No te satura tanta imagen?
Trampas consumiendo la inocencia,
pero nadie quiere dejar de mirar.
Y el ruido al que te acostumbras
es lo único que tienes;
lo único que conocerás.

¿No te agota esta distancia?
Los kilómetros parecen leguas
cuando los besos se pierden en el mar.
Y el horizonte en el que habitas
es lo único que tienes;
lo único que te arropará.

¿No te cansa vivir dormido?
Mirar a través de la ventana
contemplando la vida pasar.
Y ese sueño que duerme
es lo único que tienes;
lo único que te despertará.


Samuel Álvarez Conejos

11 de marzo de 2019

Esperanza imprevista


Uno lo escucha mil y una veces
y nunca se lo cree.
Hasta que, sin esperarlo,
llega alguien que abre tus ventanas
y te rescata de la rutina,
te protege de ti mismo
y te desborda de expectativas.
Alguien que te prioriza más que a sus costumbres
y te hace olvidar que el pasado dolía.

Y despertarse cuesta menos,
porque alguien te espera
para desearte un buen día.
Y te descubres de repente sonriendo sin motivo,
porque te has olvidado de lo qué es el miedo,
y donde no quedaban ganas ni tiempo,
ahora encuentras hueco.
Y te sientes especial.

Uno no deja de escucharlo
y, de pronto, llega el día
en que dejas de oírlo
y comienzas a vivirlo.


Samuel Álvarez Conejos

7 de marzo de 2019

Trazos de primavera


Termina el invierno y mi cara está empapada.
El agua se ha encargado de limpiar los tejados,
las avenidas y las miradas.
Y todo parece renovado.
¿Por qué volver al lugar donde nada es lo mismo?
Hace tiempo nos conocíamos,
y sin saber bien qué ha sucedido
hoy somos sólo dos extraños.
Se nos perdió el horizonte, en algún momento.
Existe ese instante indeterminado
donde cada final tiene su comienzo,
y la caída es tan lenta como inevitable.
Uno debe alzar las manos y abrazar al destino,
besar la lluvia y dejar de buscar el sentido,
porque la batalla está perdida.
No existe retorno a la casilla de salida,
y extrañar es tan inútil como irremediable.
Hay cosas que nunca entenderemos
y supongo que lo mejor es que las ignores.
La primavera está al acecho,
y a los cerezos les nacen sus primeras flores.


Samuel Álvarez Conejos

31 de diciembre de 2018

Nochevieja


Hallar el hueco izquierdo
de mi cama vacío
o el invierno arrasar
los restos del otoño.
Amigos convertidos
en hoy desconocidos.
Escaparse una lágrima
al verte en una foto.
 
Descubrir las farolas
de la calle apagadas.
Tumbarme en el sofá
y no encontrar tu olor.
Mantener la camisa
del domingo colgada.
Llegar ebrio y sin ti
a la fecha de hoy.

Este día recuerda,
como no lo hace otro,
que todo se termina.
Mas cada fin requiere
-indispensablemente-
de un nuevo principio.
Y ésa es la razón
para continuar.


Samuel Álvarez Conejos

4 de junio de 2018

Predilecciones



Prefiero sentir la lluvia caer, más que verla desde la ventana.
Reír me es indispensable, ser cómplice de carcajadas simétricas, sacarte una sonrisa sólo para saborearla y sentirme un héroe en tus días grises.
Me inspira la luna cuando la veo a través de tus ojos, porque siento que me la acercan.
El infinito me intriga, pero no más que tus labios, que avivan el deseo de lo inexplorado.
Viajar es bello, sobre todo si es por tu cuerpo; perderse y no reconocer el camino de vuelta.
Me embelesa el aroma a azahar, porque anuncia primavera, y es la estación que más me recuerda a ti; será, quizá, por eso de los cerezos.
También me gusta el vino blanco, y beber de tu copa, que es la que más me sacia y la que más me embriaga;
mirar el contraste de tus ojos, que nunca sé si me miran a mí o al horizonte, porque yo suelo estar sumido en su profundidad.
Dormir reconforta, siempre y cuando seamos almohada para el otro.
Soñar debe ser siempre el último recurso, cuando no queden planes que llenen nuestras horas.
Me produce sencilla felicidad posponer varias veces el despertador,
perder el sueño y el miedo entre tu abrazo,
reflexionar bajo el agua templada de la ducha
o ausentarme mirando el mar.

También me gustan los cambios de sentido;
cambiar es parte de estar vivo.
Y así te fuiste, y mi inspiración se fue contigo.
Sería estúpido meterte en una jaula, sabiendo que naciste para ser libre.
No es amor aquello que te encadena, cohibiéndote de ser tú mismo.
La vida sólo mira hacia un sentido, y es una decisión que sea hacia adelante.
Mientras yo siga buscando mi rumbo,
tú seguirás cambiando el mundo
con tu sonrisa.


Samuel Álvarez Conejos

26 de octubre de 2017

Interludio - I


Claro que pienso en ti, y por supuesto que me importas;
que cambiaría algunos procesos,
que evitaría algunos caminos y algunas decisiones,
esas que se toman por estar entre la espada y la pared,
con la mente fría y el corazón temblando.
¿Puedes sentir la presión? Apenas puedo soportarla.
Haber llegado hasta aquí y seguir estando solos,
tan abandonados como nos encontramos
y con la misma putrefacción interna.
¿Crees que no sé llorar? Pero prefiero mostrarte mi sonrisa.
Claro que volvería a comenzar,
y por supuesto que querría volver,
volver para sentir lo que se siente esa primera vez.
Contigo.


Samuel Álvarez Conejos

3 de abril de 2017

Resquicio de amor extraviado



¿Recuerdas cuando éramos libres?
Solíamos dejarnos atropellar por el viento y reírnos de las mareas,
construir fortalezas de arena, agua y esperanza,
respirar la brisa marina y mezclar su olor con el tuyo,
refugiar tu desnudez en mi abrazo,
combinar nuestras sonrisas para crear una eternidad.

¿Recuerdas cuando no conocíamos el miedo a correr riesgos?
La única preocupación entonces era dormir, soñar y amanecer juntos,
pringarte la boca de yogur con sabor a cereza,
perder de vista el reloj, el móvil y las costumbres,
viajar vendados los ojos a destinos insospechados,
escuchar sin suponer, compartir sin refutar, amar sin calcular.

Ahora sólo quedan los reproches de dos voluntades no satisfechas.
Los mejores amores son los que no se buscan,
y los peores desamores también.
Pero no me culpes por volver a pensar en que seas mi rutina,
por querer rescatar el sabor frutado de nuestro vino,
y pretender que sientas, una vez más, mi tinta en tu piel.



Samuel Álvarez Conejos

12 de noviembre de 2015

Retales de pensamientos


Imagina sólo por un momento
que el mar embravecido halla la calma.
Imagínate que voy a tu encuentro
y que, una vez más, tu amor me abraza.
Imagina que los rencores mueren
y que todas nuestras lágrimas cesan,
y que nuevas sonrisas amanecen
llenando de melodías mis letras.

Imagínate rotos los espejos
y encontrándonos a nosotros mismos,
descubrir que -quitados los complejos-
tampoco es que seamos tan distintos.
Imagina que vuelvo a encontrar fuerzas
en la música que tu nombre inspira;
canciones desesperadas y eternas
que consiguen devolverme la vida.

Imagina que al fin
dejo de fingir que cada poema 
arrancado de tu esquiva mirada
son tan sólo palabras.


Samuel Álvarez Conejos

10 de marzo de 2015

Lo único que tengo


Esperas insomne una bella poesía
que te impregne adonde la vista no alcanza;
la esperas -aunque no cese su tardanza-
como agua de lluvia el desierto ansía.

Nada puede embriagar la copa vacía,
y habrás de perdonar esta malandanza;
lo más bello que hoy me queda es la esperanza
que seguiremos sumando un nuevo día.


Samuel Álvarez Conejos

14 de enero de 2015

Dame un abrazo



Ven, ven y dame un abrazo,
uno salvaje y eterno,
quizá así, en este invierno,
trae del verano un retazo.

Un abrazo quizá baste
para acallar la conciencia,
superar la inexperiencia
y subsistir al desgaste.

Ven, ven a mi encuentro
y sólo abrázame mucho,
da igual si me despelucho
si me solventa por dentro.

Un abrazo es suficiente
si el alma va adjunta al mismo;
brotará agua del abismo
si este abrazo es una fuente.


Samuel Álvarez Conejos

20 de diciembre de 2014

No estés triste


No estés triste, amor, por este invierno;
si entumeciera tu voz o tus manos
te templaría con un beso eterno.

No estés triste por la luna nublada,
pues es, amor, en plena medianoche
que más brilla la luz de tu mirada.

No estés triste por el tiempo y su paso;
venturas y desventuras trae siempre,
pero donde se aprende no hay fracaso.

No estés triste de amor, de amor tardío,
que alguien -quizá yo- llegará a tiempo
de llenar con sonrisas tu vacío.

No estés triste, amor de mis proezas,
cabello oscuro de noche sin luna,
no estés triste, que en tus muchas tristezas
no encuentra mi alma quietud alguna.


Samuel Álvarez Conejos

28 de noviembre de 2014

Esperanza de vida


Aún me cuesta creer que todo se haya ido,
que tantos planes e ilusiones se hayan desvanecido de la noche a la mañana.
La luz que alumbraba nuestra calle se ha apagado
y sólo queda la oscuridad de una casa desocupada y desgastada por los secretos que ocultan sus mudas paredes.

Alguna taza rota y algún vacío bote olvidado pretendían ser motivos de sonrisas,
pero acabaron en el mismo lugar que mi confianza.
Los lugares que pretendíamos conocer desconocerán nuestra presencia
y las palabras que se llevó el viento se perderán en el horizonte para nunca más volver.

Y todo ¿por qué? Nunca lo sabré.
El misterio del halo que rodea tu constante cejo fruncido desorienta a cualquier razón de ser.
Sin embargo no hay peor ciego que el que no quiere ver;
ya fue dicho que "el orgullo precede a la caída",
y ahí estás, cayendo y tratando de arrastrarme en tu decadencia.
Pero yo soy más fuerte.
Porque no hay otra opción.
Porque las falacias que se adueñan de tu irresistible boca no tienen fin;
la gota de ese veneno ha contaminado todo tu vaso
y no volveré a beber de él.

He de seguir. Y aunque duela, y aunque no entienda, seguir.
El horizonte me aguarda. El amor me aguarda. La paz me aguarda.
Porque eso es lo que traen la sinceridad, la humildad y la esperanza.


Samuel Álvarez Conejos
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