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22 de mayo de 2019

Quédate o déjame ir


No me hagas saber qué se siente
ser para ti unos labios más,
ser el juego que -indiferente-
mañana no recordarás.

Si no piensas acompañarme
no quieras llamar mi atención,
no vaya a ser que me desarme
tu sonrisa sin compasión.

Cuando llega la noche oscura
rezo poder volverte a ver,
y no perder la compostura
si eso llegara a suceder.

Ojalá que tus manos frías
no se olviden de mi calor,
y encuentren de nuevo en las mías
su hogar y abrigo acogedor.


Samuel Álvarez Conejos

28 de abril de 2019

Sin ataduras


No nos debemos nada, y sin embargo,
tiemblo al imaginarte en otros brazos.
Me aterran los kilómetros y las dudas;
tú sabes bien que pocas cosas perduran,
y hay momentos en que aferrarme a tu mano
parece el mejor plan para estar a salvo.

No nos debemos nada, y aun así,
pierdo el equilibrio al verte sonreír,
me es difícil mantenerme en silencio
y me nace regalarte mi tiempo,
esperando disponer también del tuyo,
conociendo así un poco más nuestros mundos.

Pareciera ser que nada nos debemos,
pero me gusta encontrarte en estos versos
y ver cómo nuestras diferencias huyen,
eclipsadas por nuestras similitudes;
y que sea costumbre encontrarnos ganas,
aunque en realidad no nos debamos nada.


Samuel Álvarez Conejos

29 de abril de 2015

Amorfo poema de amor


Verte es resurgir mi conciencia de las cenizas,
y comprender que se me pasa la vida
pensando que los años corren en vano a nuestro paso
y que seguimos tan solos como entonces,
cuando la primavera sellaba el ocaso en nuestros ojos
y asentaba su olor sobre nuestros cuerpos desnudos
para así entender que, mientras nuestra mirada siguiese unida,
la distancia nunca sería la razón de nuestra soledad ni lejanía,
y que el amor que profesaban nuestras remotas caricias,
tan etéreas e intangibles como la sombra del fuego
-aquél fuego incendiario que preferimos no atenuar-,
era lo único que necesitábamos para existir, y nada más.
Pero todo sueño tiene su despertar,
y ahí seguimos, mirándonos de lejos,
cada uno a un extremo de la eternidad.


Samuel Álvarez Conejos

16 de abril de 2011


Empieza a llover y, una vez más,
mi mente no puede descansar,
y se acuerda que alguien muy lejos
me espera en algún lugar.
Y cada gota que roza mi mirada
me recuerda a cada beso
que se deben nuestros labios,
y cada beso que traigo esta mañana
lo guardaré en un sueño
para dártelo a diario.
Y al encontrarse nuestras miradas de nuevo
escribiré un poema a las estrellas,
que cantarán nuestra canción en el firmamento
para que allí brillemos con ellas.
Y es que en este lluvioso día,
mientras la luna duerme contigo,
solo quiero decirte que te quiero
sonriendo poquito a poquito.
Porque los dos ya lo sabemos
y anoche lo volví a soñar,
y es que hoy amaneció lloviendo
y hoy te quiero un poquito más.


Samuel Álvarez Conejos

14 de febrero de 2011

Corazón travieso


Hoy mi mente empezó a sospechar
que mi corazón trama algo a escondidas,
y es que, aunque lo quiera disimular,
al escuchar tu nombre se aviva.
Y cuando mira a la luna se imagina
que a miles de kilómetros también la miras tú
y que se pueden ver nuestras miradas
en el reflejo de su luz.
Y cuando mira a las estrellas le cuentan
que aún en la distancia cuidas de mí,
que todas ellas se pusieron contentas
porque a la vez nos vieron sonreír... a ti, a mí y al mar
y a las canciones que cantan las mañanas,
despiertan pensando en nuestro amor
y recuerdan cómo es hasta la madrugada:
Tan peculiar y lejano como el de la luna y el sol,
tan extravagante como una dulce ilusión,
tan bello y constante como las olas del mar,
tan esperanzador como volver a despertar.
Pues dejaría antes el tiempo de ser
que mi corazón quedara al descubierto;
lo encontraría tu voz al anochecer,
lo cubrirían tus besos cuando despierto.


Samuel Álvarez Conejos

21 de enero de 2011

Toda mi vida



Extraño todo de ti
y anhelo verte a cada instante;
llamaste a la puerta de mi corazón,
entraste tus maletas y te instalaste.
Ahora no hay manera de hacerte salir
y ni si quiera veo nada como antes,
pero me gusta que estés aquí
y haré lo que sea para que no te marches.

Extraño ver esos ojos
oscuros como la noche,
que me miren de esa manera
en que la luna se enciende
y brilla como una estrella,
y no puedo hacer más que mirarlos
y creer que sólo conmigo
es con quien ellos sueñan.

Extraño el sabor de tus labios
y ver tu sonrisa traviesa,
tomar tus manos con la mías
mientras la noche pasa lenta.
Extraño el tacto y olor de tu pelo
y dejar al tiempo que corra,
nada importa de lo que hay afuera;
estamos tú y yo, y eso sobra.

Extraño cada minuto
que he pasado contigo
y pienso en el tiempo juntos
que aún nos debe el destino.
Quiero estar a tu lado
y verte sonreír cada día,
despertar cada mañana
junto a ti, toda mi vida.


Samuel Álvarez Conejos

5 de enero de 2011

Suerte, amor y locura


Han perdido valor las palabras “amor” y “siempre”
por usarse en momentos inadecuados
y, aunque me he cansado de escucharlas continuamente,
vuelven a tener sentido a tu lado.
Es una locura quererte, como lo es el amor y como lo es la suerte,
la suerte de haber encontrado tu amor
y la locura de pensar en amarte siempre.

Es por el roce de tus labios que mi boca está en un sueño
y necesito sentir cómo bajan desde mi oreja hasta mi cuello.
Mi piel se seca lentamente mientras tu boca está tan lejos,
oh, maldita distancia… se ahoga mi alma en deseo.
Mis manos se han hecho adictas a acariciar tu suave pelo,
a abrazarte, en tus abrazos, y a rodear todo tu cuerpo.
No olvidaré tu mirada, que me hace subir hasta el cielo
y esperaré, ardientemente, hasta poder verla de nuevo.

Incluso mi corazón se ha ligado a estos sentimientos,
ahora dominan mi mente y no puedo detenerlos;
se han adueñado, junto a ti, de mis pensamientos
pero no haré resistencia y los guardaré muy, muy adentro.

Empiezo a creer que el destino juega a nuestro favor
y me arriesgaré a creer en esta aventura,
pues vuelvo a sentir vida y fuego en mi corazón
y así él prefiere llamarlo: "suerte, amor y locura".


Samuel Álvarez Conejos

31 de diciembre de 2008

Lejos


¿Cómo puede estar tu boca tan cerca
pero al mismo tiempo tan lejos?
¿Cómo obtiene el amor tanta fuerza
y se adueña de mis deseos?
¿Tan difícil será controlar los impulsos
que me llevan a ser un iluso,
pensando que puedo controlar los latidos
de mi corazón cuando te veo,
pensando que quiero volver a ser un niño
cuando te busco y no te encuentro?


Samuel Álvarez Conejos
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