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25 de noviembre de 2023

Elemental


El agua que se escapa de las manos
es recogida por la tierra,
donde el árbol aferra su vida
como la noche abraza al día en el ocaso.
El fuego que arrasa los prados
se ahoga si no danza con el aire.
No puedes oler sus colores ni capturar sus voces.
Déjales ser y coexistirán,
como el hielo reposa sobre la roca.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

7 de enero de 2021

La noche expuesta en nuestro abrazo


No cabía esperar que, encontrarte,
volvería de nuevo a revocar
tanta, tanta esperanza malgastada.
Aquella noche entendí que lo eterno
no es eterno en sí mismo,
sino que está forjado y lo compactan
incontables y efímeros momentos.

No hizo falta nada más esa noche.
Nada más que una luna casi llena
sujeta, en un abrazo de madre,
por la bóveda celeste serena
que incauta desnudaba,
sobre el canto de un sigiloso mar
parte de sus recónditos misterios.

Enfurecieron, celosas de vernos,
el agua las nereidas,
bajo el acecho de tímidos astros,
y se encrespó al son de un cielo sin alma.
Pues en medio de la afilada arena,
del cierzo y de las indomables olas
tan sólo tú y yo éramos la calma.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

5 de diciembre de 2019

Paradoja



Maldices la oscura y continua rutina, 
pero no te detienes a ver el sol caer.
Crees que el pasado te predestina
por no cerrar las cicatrices del ayer.

Sueñas con besos bajo tormentas,
pero nunca has danzado con ellas.
Y mientras bajo tu techo te ausentas,
sobre éste brillan las estrellas.

Admiras la belleza en las mariposas,
así como te disgustan las orugas.
Por trabajo o por ocio, poco reposas,
mas para ver amanecer no madrugas.

Me dices cuánto te gustan las flores,
pero las arrancas de sus ramas.
Que no te extrañen, cariño, los temblores
cuando me susurras que me amas.


Samuel Álvarez Conejos

4 de junio de 2018

Predilecciones



Prefiero sentir la lluvia caer, más que verla desde la ventana.
Reír me es indispensable, ser cómplice de carcajadas simétricas, sacarte una sonrisa sólo para saborearla y sentirme un héroe en tus días grises.
Me inspira la luna cuando la veo a través de tus ojos, porque siento que me la acercan.
El infinito me intriga, pero no más que tus labios, que avivan el deseo de lo inexplorado.
Viajar es bello, sobre todo si es por tu cuerpo; perderse y no reconocer el camino de vuelta.
Me embelesa el aroma a azahar, porque anuncia primavera, y es la estación que más me recuerda a ti; será, quizá, por eso de los cerezos.
También me gusta el vino blanco, y beber de tu copa, que es la que más me sacia y la que más me embriaga;
mirar el contraste de tus ojos, que nunca sé si me miran a mí o al horizonte, porque yo suelo estar sumido en su profundidad.
Dormir reconforta, siempre y cuando seamos almohada para el otro.
Soñar debe ser siempre el último recurso, cuando no queden planes que llenen nuestras horas.
Me produce sencilla felicidad posponer varias veces el despertador,
perder el sueño y el miedo entre tu abrazo,
reflexionar bajo el agua templada de la ducha
o ausentarme mirando el mar.

También me gustan los cambios de sentido;
cambiar es parte de estar vivo.
Y así te fuiste, y mi inspiración se fue contigo.
Sería estúpido meterte en una jaula, sabiendo que naciste para ser libre.
No es amor aquello que te encadena, cohibiéndote de ser tú mismo.
La vida sólo mira hacia un sentido, y es una decisión que sea hacia adelante.
Mientras yo siga buscando mi rumbo,
tú seguirás cambiando el mundo
con tu sonrisa.


Samuel Álvarez Conejos

28 de abril de 2018

Princesita



Cautiva te vi, y así tú me dejarías,
desde el día en que te ofrecí un nuevo hogar
y hasta el día de hoy, que, con manos vacías,
me dejas a mi suerte, en mi propio mar.

Me has visto en mis mejores y peores días,
estabas al acostarme y al despertar,
y aunque es cierto que escapatoria no tenías,
tenías tu territorio particular.

Quisiera haberte visto engendrar alegrías,
las bellezas de tu descendencia admirar,
quizá no invité a las mejores compañías,
pero de amores qué nos vamos a contar.

Aunque supiera que pronto me dejarías,
a tu silencio no me voy a acostumbrar,
y así como eras libre, entre melodías,
tus danzas fluviales voy siempre a recordar.


Samuel Álvarez Conejos

23 de marzo de 2018

La tenue caída (bis)


Llueve, y al compás de una romanza
un candil consume, voraz, su aceite,
una hoja en su leve caer danza,
y aun cayendo consigo la esperanza,
en su fin, su vaivén es su deleite.

Danza a la penumbra y sigue lloviendo,
el viento da forma a sus cicatrices.

Su alegoría me ha estado advirtiendo:
sólo se puede renacer muriendo;
sólo al caer se vuelve a las raíces.


Samuel Álvarez Conejos

1 de septiembre de 2017

Soneto del fuego


Cuando sube la marea
y el horizonte se acuesta
surgen dudas sin respuesta;
enciendo la chimenea.

La dicción que el fuego humea
me ilumina y me contesta,
su armonía queda expuesta
y su voz me canturrea:

“¿Quíen prevendrá tu caída?
La noche todo subvierte,
te da la fruta prohibida.

La sabia edad te despierte;
misterios hay de la vida
que sólo aclara la muerte."


Samuel Álvarez Conejos

3 de abril de 2017

Resquicio de amor extraviado



¿Recuerdas cuando éramos libres?
Solíamos dejarnos atropellar por el viento y reírnos de las mareas,
construir fortalezas de arena, agua y esperanza,
respirar la brisa marina y mezclar su olor con el tuyo,
refugiar tu desnudez en mi abrazo,
combinar nuestras sonrisas para crear una eternidad.

¿Recuerdas cuando no conocíamos el miedo a correr riesgos?
La única preocupación entonces era dormir, soñar y amanecer juntos,
pringarte la boca de yogur con sabor a cereza,
perder de vista el reloj, el móvil y las costumbres,
viajar vendados los ojos a destinos insospechados,
escuchar sin suponer, compartir sin refutar, amar sin calcular.

Ahora sólo quedan los reproches de dos voluntades no satisfechas.
Los mejores amores son los que no se buscan,
y los peores desamores también.
Pero no me culpes por volver a pensar en que seas mi rutina,
por querer rescatar el sabor frutado de nuestro vino,
y pretender que sientas, una vez más, mi tinta en tu piel.



Samuel Álvarez Conejos

29 de septiembre de 2014

La tenue caída


Llueve, y al compás de una romanza
un candil consume, voraz, su aceite,
una hoja en su leve caer danza,
y aun cayendo consigo la esperanza,
en su fin, su vaivén es su deleite.


Samuel Álvarez Conejos

14 de noviembre de 2013

Luna en blanco y negro


Vives consciente -e indiferente-
del camino que hay bajo mis pies,
vigilas el rumbo que me ofrecen
las quimeras que escondo en mi piel.
Tu dualismo me confunde y hiere,
me arrastra a bailar a tu vaivén,
melodías de vida y de muerte
que me ciegan y que me hacen ver.
Esta noche tu aspecto sublime
revela la oscuridad y luz
en la que mi alma se divide,
y a veces gano yo, otras tú.

Vuelvo a nacer. Bebo tu calostro,
tu nociva y cabal dualidad.
Desequilibrio interno en tu rostro,
la eterna lucha entre el bien y el mal.
Me persiguen tu ángel y demonio,
turban mi indeciso corazón,
lo llenan de tu amor y tu odio,
de tu locura y de tu razón.
A veces escucho tu silencio
y a veces no puedo oír tu voz.
Esta noche, al verte, me veo,
y a veces ganas tú, otras yo.


Samuel Álvarez Conejos

26 de octubre de 2013

Amores olvidados


Dicen que los amores nunca se olvidan,
y que van ocupando espacio en tu corazón hasta que éste, saturado, decide no aceptar ninguno más.
Quizá sea por eso que cuanto más crecemos más cuesta dar un lugar especial a alguien,
y, quizá, por eso, nadie quiere crecer.

¿Cuál es el cupo de cada uno?
¿Dónde está el límite de amar?
La gente mayor nos enseña a nunca resignarnos a amar,
y sin embargo cuántos de ellos ya se resignaron tiempo atrás...

Dicen que cada uno ha de encontrar a su mitad,
¿y si a la mía ya la llenaron otros?
¿y si, lleno su corazón de amores olvidados, no tiene hueco para mí?

Sé que no es lo más sensato, pero hoy volví al lugar donde nos conocimos.
El mar estaba como a ti te gusta: intranquilo, feroz, violento...
Te encantaba romper las olas con tu pecho, o deslizarte en ellas a la orilla.
Mientras, yo observaba...
Hoy la arena no ocupó mi toalla, y no había nadie alrededor que nos vigile.
El cielo, despejado, se movía lentamente al compás de la suave brisa que rozaba mi cuerpo desnudo; tú ya no estás para hacerlo...
Hoy la playa olía a ti,
y las libélulas de tantos colores me rodeaban buscando tu presencia, pero no la encontraron,
ni el agua invadió indiscreta tu toalla,
al igual que no encontraré yo hueco en tu corazón, lleno de amores olvidados.


Samuel Álvarez Conejos

1 de febrero de 2013

Luna dorada


Tras un largo manto de azul intenso
más allá del horizonte invernal,
la fría noche procesa su ascenso
mientras las nubes anidan su hogar.
Se detalla en alto la silueta
de una reina ataviada como tal,
es la áurea luz nocturna que, quieta,
complementa a la opaca oscuridad.

Montañas vestidas con largas faldas
esconden los secretos del amor,
las cubren vastos bosques de esmeraldas
que al viento runrunean su canción.
Y en el manso lago de los deseos
-
insaciables, como el anochecer-
el agua clara siente el cosquilleo
de las estrellas que en ella se ven.

Y bajo cada brillante figura
y arriba de la disconformidad,
sea por mucha, o poca cordura,
mi alma se ha resuelto a preguntar.
Y le pregunta a esta noche estrellada
si el amor que se ha ido volverá,
y, al igual que esta luna dorada,
también mañana volverá a brillar.

 
Samuel Álvarez Conejos

7 de noviembre de 2012

Inspiración


Como olas de mar que vienen y van,
nómada por ventura, no tiene hogar.
Compañera de muchos, dama de azar,
hoy está aquí, mañana ya no, quizás.

Prisionera es siempre de historias de amor,
melodías que un día serán canción.
Es bálsamo para el quebranto y dolor,
enjuga las lágrimas del corazón.

Es dama de la tinta, pluma y papel,
quien no la retiene la ha de perder,
pues lo que no queda escrito -bien lo sé-
tan solo ella puede evocarlo otra vez.

Va disfrazada de la luna y del sol,
personas, paisajes, quizá de un olor.
Es anhelada por su íntimo don,
sus susurros traen odio y traen amor.

Es la dama errante que el viento traerá;
a veces discreta, a veces mortal.
Surge en la noche como estrella fugaz
y solo Dios sabe cuándo volverá.


Samuel Álvarez Conejos

1 de septiembre de 2012

Luna azul


Mira a la luna imponente,
de zafiro viste hoy,
su mirada vehemente
me intimida el corazón.
Sus caricias atrevidas
son reflejos del fulgor,
en su seno el frío anida,
en su halo su calor.

Mira al mar embravecido,
dime quién lo calmará,
quién detendrá sus gemidos,
privarle su libertad.
Dime cuántas olas rompen
bramando en la oscuridad,
dibujando el horizonte
donde siempre volverán.

Mira al cielo inmenso y dime
dónde nace su color,
¿sobre una luna sublime,
o aún más allá del sol?
Dime en qué lugar se esconden
las respuestas al amor,
mira al cielo y dime dónde,
dónde hay lugar para dos.


Samuel Álvarez Conejos

14 de febrero de 2011

Corazón travieso


Hoy mi mente empezó a sospechar
que mi corazón trama algo a escondidas,
y es que, aunque lo quiera disimular,
al escuchar tu nombre se aviva.
Y cuando mira a la luna se imagina
que a miles de kilómetros también la miras tú
y que se pueden ver nuestras miradas
en el reflejo de su luz.
Y cuando mira a las estrellas le cuentan
que aún en la distancia cuidas de mí,
que todas ellas se pusieron contentas
porque a la vez nos vieron sonreír... a ti, a mí y al mar
y a las canciones que cantan las mañanas,
despiertan pensando en nuestro amor
y recuerdan cómo es hasta la madrugada:
Tan peculiar y lejano como el de la luna y el sol,
tan extravagante como una dulce ilusión,
tan bello y constante como las olas del mar,
tan esperanzador como volver a despertar.
Pues dejaría antes el tiempo de ser
que mi corazón quedara al descubierto;
lo encontraría tu voz al anochecer,
lo cubrirían tus besos cuando despierto.


Samuel Álvarez Conejos

18 de octubre de 2010

Voz que dice "Gracias"


Cuando alzo mis ojos al cielo
y te veo en la hermosura de las nubes
de mi boca sale un suspiro
y una voz que dice “Gracias”;
y aún las sombras que éstas hacen
me inspiran tu belleza,
el sol brilla radiante
y mi espíritu se eleva,
se eleva hacia mi creador,
el creador de cielo y tierra.

Cuando veo las grandezas
que surgieron de tus manos,
no puedo más que asombrarme
al saber que son las mismas
las que me sostienen, día a día.
Y sale de mi interior una voz,
esa voz que dice “Gracias”.

Gracias por la luz, por el calor,
gracias por tu amor, y tu perdón,
por la misericordia que nunca entiendo
y esa cruz que trajo salvación.
Gracias por llamarme hijo,
gracias por llamarme amigo;
por los planes que has preparado,
por mostrarme tu camino.


Samuel Álvarez Conejos

14 de noviembre de 2008

La luna y el sol


A veces digo cosas sin sentido
como la luna hablando con el sol,
pero es sólo por estar contigo,
para hacer crecer este amor.
No sé si haré bien en quererte,
en intentar ser algo mejor,
lo mejor que puedo darte
es tan solo una ilusión,
la ilusión que ya tenemos
de que hay algo entre los dos,
la ilusión de los momentos
que guardamos en el corazón.


Samuel Álvarez Conejos

9 de abril de 2008

Aprendiendo a brillar


Ayer le pregunté a la noche
por qué estaba tan oscura,
por qué lloraban las nubes,
por qué se ocultaba la luna,
por qué había de conformarme
con el brillo de las estrellas
si de día con sólo una
basta para apagar mi pena.
Y me respondió que no había más belleza
que contemplar el firmamento
en el reflejo del mar y su grandeza
y, mientras oyes su silencio,
dedicarle a nuestro amor un poema
y dejar que pase el tiempo.
Y me explicaba que el amor es algo
que no se siente queriendo,
más bien se siente sin querer,
que no consiste en qué pueden darme
sino en qué puedo ofrecer,
que bajo la sombra de un mismo cielo
y después del cálido atardecer
no hay como contemplar las estrellas,
enamoradas del brillo de tu piel.

Pero ¿cómo podría alguien conocerte y no querer estar cerca de ti?
Y ¿cómo podría estar alguien cerca de ti y no brillar?
En aquel día, cuando llegues a mí, brillarás, y yo brillaré junto a ti.


Samuel Álvarez Conejos

28 de julio de 2007

Te buscaré


Te buscaré
como se buscan la noche y el día,
como mi boca busca la tuya;
pasaré toda mi vida
persiguiendo a la luna,
la única capaz de ayudarme
a escapar de esta locura
del dolor de quererte y no poderte alcanzar.
Porque es tu resplandor quien me motiva a embarcar
a un viaje sin fin que me lleve hasta ti,
donde el amor sea el timón
y el viento la pasión
que impulse nuestras vidas
a una nueva dimensión.

Veo la lluvia caer y pienso en ti,
en el viento acariciando tu pelo,
en tu olor que me induce al deseo...
Y seguiré aquí, pensando en ti,
imaginando la dulce fortuna
que sentiría mi boca en la tuya,
mojándose bajo la lluvia
e iluminados siempre por nuestra luna.


Samuel Álvarez Conejos
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