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1 de junio de 2020

Sonrisa trocada


El fin nos encontró a mitad del camino.
¿Adónde irán a parar tantos besos pendientes?
¿En qué bar moriré, junto a cada poema que quedó por escribir?
Algún día seremos dos desconocidos
y todas las promesas habrán caducado.
Dime que estoy equivocado;
que alguien nos convenza de este error.
Nadie debería sentirse abandonado,
y, adentro, puede llegar a ser tan real el dolor.

¿Cómo se deshacen los nudos del estómago?
¿Quién recogerá todas las mariposas muertas?
Explícame en qué preciso momento comienza el declive;
en qué instante cambia la perspectiva entre lo auténtico y lo ilusorio.
¿Qué provoca la caída de la venda que cubre los ojos?
¿En qué momento se quita el clavel y se carga con espinas?
¿Cuándo se cambian los halagos por veneno, los abrazos por indiferencia,
las libertades por prisiones y las verdades por trampas?

El amanecer dará pie a un nuevo día que nos llevará a distintos finales,
y ya no volveremos a saltar al vacío, cogidos de la mano.
Ya ves, que hasta lo eterno algunas veces termina,
y ahora quizá nos ahoguemos, o quizá empecemos a respirar.
Encontraremos la verdad deteniendo las voces de alrededor
para escuchar sólo al viento y su canción.
Y de este fortuito amor, predestinado a caer como el sol cada atardecer.
esparciremos las cenizas al viento para que nunca más vuelvan a arder.


Samuel Álvarez Conejos

2 de marzo de 2019

Interlude III


Every step towards myself drifts me apart from you.
Someone rescue me from this apathy.
Somebody make me feel.
Who will inspire immortal verses again?
Who will dare to be my muse?
May be I'm just getting worn out.
When did I come apart at the seams?
I want to look at you and not to think.
I need your hand to heal my heart.
Since the only I expect from life is you.


Samuel Álvarez Conejos

4 de enero de 2019

Interludio II


Quizá lo llegues a entender algún día,
por difícil que ahora parezca,
y es que fue por ti.
Todo fue por ti:
Decidir acercar el invierno,
congelar el corazón y no mirar atrás.
¿Nunca has sentido mis gritos mudos nombrándote?
Haberme convertido en quien hoy soy
y vivir desorientado
es solo una consecuencia inevitable.
Lo único que siempre me ha importado
es que tú seas capaz de seguir adelante,
sin mí,
como lo has hecho.
Parece que, al final, conseguí lo que quería,
menos a ti.


Samuel Álvarez Conejos

4 de junio de 2018

Predilecciones



Prefiero sentir la lluvia caer, más que verla desde la ventana.
Reír me es indispensable, ser cómplice de carcajadas simétricas, sacarte una sonrisa sólo para saborearla y sentirme un héroe en tus días grises.
Me inspira la luna cuando la veo a través de tus ojos, porque siento que me la acercan.
El infinito me intriga, pero no más que tus labios, que avivan el deseo de lo inexplorado.
Viajar es bello, sobre todo si es por tu cuerpo; perderse y no reconocer el camino de vuelta.
Me embelesa el aroma a azahar, porque anuncia primavera, y es la estación que más me recuerda a ti; será, quizá, por eso de los cerezos.
También me gusta el vino blanco, y beber de tu copa, que es la que más me sacia y la que más me embriaga;
mirar el contraste de tus ojos, que nunca sé si me miran a mí o al horizonte, porque yo suelo estar sumido en su profundidad.
Dormir reconforta, siempre y cuando seamos almohada para el otro.
Soñar debe ser siempre el último recurso, cuando no queden planes que llenen nuestras horas.
Me produce sencilla felicidad posponer varias veces el despertador,
perder el sueño y el miedo entre tu abrazo,
reflexionar bajo el agua templada de la ducha
o ausentarme mirando el mar.

También me gustan los cambios de sentido;
cambiar es parte de estar vivo.
Y así te fuiste, y mi inspiración se fue contigo.
Sería estúpido meterte en una jaula, sabiendo que naciste para ser libre.
No es amor aquello que te encadena, cohibiéndote de ser tú mismo.
La vida sólo mira hacia un sentido, y es una decisión que sea hacia adelante.
Mientras yo siga buscando mi rumbo,
tú seguirás cambiando el mundo
con tu sonrisa.


Samuel Álvarez Conejos

26 de octubre de 2017

Interludio - I


Claro que pienso en ti, y por supuesto que me importas;
que cambiaría algunos procesos,
que evitaría algunos caminos y algunas decisiones,
esas que se toman por estar entre la espada y la pared,
con la mente fría y el corazón temblando.
¿Puedes sentir la presión? Apenas puedo soportarla.
Haber llegado hasta aquí y seguir estando solos,
tan abandonados como nos encontramos
y con la misma putrefacción interna.
¿Crees que no sé llorar? Pero prefiero mostrarte mi sonrisa.
Claro que volvería a comenzar,
y por supuesto que querría volver,
volver para sentir lo que se siente esa primera vez.
Contigo.


Samuel Álvarez Conejos

3 de abril de 2017

Resquicio de amor extraviado



¿Recuerdas cuando éramos libres?
Solíamos dejarnos atropellar por el viento y reírnos de las mareas,
construir fortalezas de arena, agua y esperanza,
respirar la brisa marina y mezclar su olor con el tuyo,
refugiar tu desnudez en mi abrazo,
combinar nuestras sonrisas para crear una eternidad.

¿Recuerdas cuando no conocíamos el miedo a correr riesgos?
La única preocupación entonces era dormir, soñar y amanecer juntos,
pringarte la boca de yogur con sabor a cereza,
perder de vista el reloj, el móvil y las costumbres,
viajar vendados los ojos a destinos insospechados,
escuchar sin suponer, compartir sin refutar, amar sin calcular.

Ahora sólo quedan los reproches de dos voluntades no satisfechas.
Los mejores amores son los que no se buscan,
y los peores desamores también.
Pero no me culpes por volver a pensar en que seas mi rutina,
por querer rescatar el sabor frutado de nuestro vino,
y pretender que sientas, una vez más, mi tinta en tu piel.



Samuel Álvarez Conejos

7 de marzo de 2016

Empezar de cero


Creíamos que nos faltaba algo por descubrir,
pero el tiempo enseña que a veces un “para siempre” dura apenas un instante,
y que recuperar aquel instante en que lo teníamos todo, es tan utópico como volver atrás
-al tiempo en que los sueños y los retos eran alcanzables, y se alcanzaban.

Ahora en la estantería sólo quedan algunos regalos rotos que no estaban destinados a perdurar.
No es culpa mía, ni tuya. De ninguno, o quizá de los dos.
Hemos sido como dos narizones intentado besarse.
Y yo todavía soy un cajón de errores por ordenar;
no sé si cada día me encuentro o me pierdo más.
A veces no sé, si debería pensar con el corazón o con la mente,
y me pregunto si soy cruel,
pero termino convenciéndome que lo cruel sería ver esperanza donde solo hay dos caminos empedrados que conducen a distintos lugares
y que simplemente se cruzan durante un instante eterno, para luego continuar cada uno su rumbo.

El horizonte se encuentra con la vista al cielo y el corazón en la mano.
Y me pregunto: ¿cuántas veces en la vida es necesario empezar de cero?
Y me respondo: las necesarias, supongo, hasta que uno acaba encontrándose a sí mismo.



Samuel Álvarez Conejos

28 de noviembre de 2014

Esperanza de vida


Aún me cuesta creer que todo se haya ido,
que tantos planes e ilusiones se hayan desvanecido de la noche a la mañana.
La luz que alumbraba nuestra calle se ha apagado
y sólo queda la oscuridad de una casa desocupada y desgastada por los secretos que ocultan sus mudas paredes.

Alguna taza rota y algún vacío bote olvidado pretendían ser motivos de sonrisas,
pero acabaron en el mismo lugar que mi confianza.
Los lugares que pretendíamos conocer desconocerán nuestra presencia
y las palabras que se llevó el viento se perderán en el horizonte para nunca más volver.

Y todo ¿por qué? Nunca lo sabré.
El misterio del halo que rodea tu constante cejo fruncido desorienta a cualquier razón de ser.
Sin embargo no hay peor ciego que el que no quiere ver;
ya fue dicho que "el orgullo precede a la caída",
y ahí estás, cayendo y tratando de arrastrarme en tu decadencia.
Pero yo soy más fuerte.
Porque no hay otra opción.
Porque las falacias que se adueñan de tu irresistible boca no tienen fin;
la gota de ese veneno ha contaminado todo tu vaso
y no volveré a beber de él.

He de seguir. Y aunque duela, y aunque no entienda, seguir.
El horizonte me aguarda. El amor me aguarda. La paz me aguarda.
Porque eso es lo que traen la sinceridad, la humildad y la esperanza.


Samuel Álvarez Conejos

26 de octubre de 2013

Amores olvidados


Dicen que los amores nunca se olvidan,
y que van ocupando espacio en tu corazón hasta que éste, saturado, decide no aceptar ninguno más.
Quizá sea por eso que cuanto más crecemos más cuesta dar un lugar especial a alguien,
y, quizá, por eso, nadie quiere crecer.

¿Cuál es el cupo de cada uno?
¿Dónde está el límite de amar?
La gente mayor nos enseña a nunca resignarnos a amar,
y sin embargo cuántos de ellos ya se resignaron tiempo atrás...

Dicen que cada uno ha de encontrar a su mitad,
¿y si a la mía ya la llenaron otros?
¿y si, lleno su corazón de amores olvidados, no tiene hueco para mí?

Sé que no es lo más sensato, pero hoy volví al lugar donde nos conocimos.
El mar estaba como a ti te gusta: intranquilo, feroz, violento...
Te encantaba romper las olas con tu pecho, o deslizarte en ellas a la orilla.
Mientras, yo observaba...
Hoy la arena no ocupó mi toalla, y no había nadie alrededor que nos vigile.
El cielo, despejado, se movía lentamente al compás de la suave brisa que rozaba mi cuerpo desnudo; tú ya no estás para hacerlo...
Hoy la playa olía a ti,
y las libélulas de tantos colores me rodeaban buscando tu presencia, pero no la encontraron,
ni el agua invadió indiscreta tu toalla,
al igual que no encontraré yo hueco en tu corazón, lleno de amores olvidados.


Samuel Álvarez Conejos
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