Ahora que encontré mi lugar
y le di a mi vida otro sentido,
que ya no me sentía perdido
en el mar de mi inseguridad.
Ahora que volvía a dormir
y olvidé el transcurso de los años,
el sabor de besos y fracasos
que me prometí no repetir.
Ahora que dejé de creer
en quimeras y enamoramientos,
que a mí mismo me sigo mintiendo
para no permitirme caer.
Ahora apareces tú, sin más,
con tu sonrisa de media cara
y ojos cansados en la mañana,
pidiendo caricias sin hablar.
Te aproximas a curiosear
el poco criterio que le queda
a esta mente gastada -mas cuerda-
en la que te has empeñado a entrar.
Ahora me tientas a consentir
el afán de estas manos inquietas,
busconas de placer y problemas
que sólo logran encontrar en ti.
Ahora me vuelves a enseñar
lo que ya había desaprendido:
el calor de un cuerpo junto al mío
hasta que el sol los quiera despertar.
Y ahora se te ocurre leer
y me pides que yo algo te escriba,
sin saber que tu nombre es la firma
que estos versos graban en mi piel.
Samuel Álvarez Conejos