27 de noviembre de 2014

La amarga mentira




Llueve agua de mar en mis mejillas,
las que cual Judas tu boca ha besado;
besos de sueños -vueltos pesadillas-
de unos labios que amor han vomitado.
Una sola mentira a hurtadillas
hace falta para ser recordado
que no existe fuente que dentro carga
tanto agua dulce como agua amarga.


Samuel Álvarez Conejos

29 de septiembre de 2014

La tenue caída


Llueve, y al compás de una romanza
un candil consume, voraz, su aceite,
una hoja en su leve caer danza,
y aun cayendo consigo la esperanza,
en su fin, su vaivén es su deleite.


Samuel Álvarez Conejos

17 de agosto de 2014

Soneto confesante


He estado esta noche pensando mucho
en que no debo evadir lo evidente,
que quien idealiza el amor se miente,
que de nada sirve oír si no escucho.

Como un cálido amanecer llegaste
abrazando mis recelos pasados,
nunca te importó si eran demasiados
y al tiempo solventaste mi desgaste.

¿Para qué engañar mis propios sentidos?
Me da miedo pensar que no exagero,
que hoy ya me eres indispensable.

Tras estos sentimientos admitidos
pretendo, más que un río pasajero,
que seas el agua de un mar estable.


Samuel Álvarez Conejos

28 de mayo de 2014

Cazador cazado


Que no resulte extraño que me asombre
que hayas ahuyentado mi escepticismo
o que palpite en mi pecho tu nombre.

Pensé del amor ser un espejismo
que controla la mente vulnerable
impidiendo a uno ser uno mismo.

Y ahí, en ese proceso implacable,
llegaste en mi más ínfimo apogeo
filtrando mi coraza inquebrantable.

Conocimos la furia del deseo
tras tu absurdo eficaz rol de Artemisa;
desde esa noche -y hasta el fin- planeo
ser el motivo de tu sonrisa.


Samuel Álvarez Conejos

7 de abril de 2014

Nada que añadir, padre


Palabras cortando como papel:

limpio y, al principio, sin dolor.
Palabras tóxicas calan mi piel
como mortal veneno en inyección.
Externamente estaré pronto bien;
permanece el daño en el interior.
Pero llorarás -y yo sangraré-
por nuestra recíproca decepción.


Samuel Álvarez Conejos

30 de marzo de 2014

Contingencias


Podría hoy componerte
de manera muy sutil
un verso color añil,
igual que esta noche inerte.

Podría, quizá, perderme
en tus sábanas, su olor,
mientras beben mi sudor
y tú me dejas inerme.

Y podría emocionarme
al creer oír tu voz;
cuenta darme de lo atroz
que es el amor al buscarme.

Decir que si no me lees
no hay sentido al escribir,
ni en soñarte si al dormir
en mi abrazo no amaneces.

Podría estrechar tu lazo
y llenarme de ojalás,
imaginar que, quizás,
quedo dormido en tu abrazo.

Tal vez, mientras, por tu calle
lleguen versos de un autor,
algún augurio de amor,
quizá yo con algún detalle.

Quizá así des por sabido
que ser becuadro es tu rol
para mi día bemol
y mi día sostenido.


Samuel Álvarez Conejos

10 de marzo de 2014

Cuando es tiempo de volver


Cómo volver al lugar
donde estuve enamorado,
donde he sido traicionado
y nadie me espera ya.

Cómo hallar en alguien más
el refugio de tu abrazo,
el amor que en tu regazo
exilió mi soledad.

Ven, si acaso has de venir,
y encárame con la vida,
la que hoy ya doy por perdida
al no estar tú por aquí.

Ven, si acaso has de venir,
y apretújame enseguida,
que el amor nunca se olvida
y siempre me lleva a ti.


Samuel Álvarez Conejos
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