15 de febrero de 2026

Bajo el firmamento

 


Con qué facilidad oigo decir «te quiero»;
y yo, que todavía sigo sin saber
si te quise, si te quiero, si te querré.

Te juro que les he oído declararse
en tan solo un mes y tres días de abril;
yo, años contigo, no los sé definir.

Como si el amor no fuese algo que pasa
al descubrirte, no sólo en tu amanecer,
sino en la penumbra de tus noches, también.

Les veo publicando rutinas de ensueño,
profesando su cariño y eterno amor,
haciendo que te preguntes «¿qué tengo yo?»

Pero esos amores son estrellas fugaces:
Puro fuego que llega y, sin más, se va;
se cruzan entre ellas, mas no volverán.

Yo prefiero contemplarlas desde el silencio
y ser testigo, junto a la luna y el mar;
si estás a mi lado, las veremos pasar.

Y así, mientras vemos vaivenes de 'te quieros',
sin pronunciar una palabra lo sabré:
Sí te quise, sí te quiero, sí te querré.

  
Samuel Álvarez Conejos 

6 de junio de 2025

Fue, es, será


Nuestro amor no fue un huracán,
ni siquiera fuego que escribe,
no fue agua en nuestras mejillas,
ni esa isla de tierra virgen.

Nuestro amor no tuvo comienzo,
Aunque auguraba su final:
el tiempo que dura este verso,
lo que tardas a mi portal.

Nuestro amor nunca fue perfecto
y tampoco aparece en libros,
se construyó desde las ruinas
y se alzó como un castillo.

Nuestro amor fue de chimenea,
caldo de pollo y fideuá.
Fue silencio, también escape,
fue una barca sobre el mar. 

Nuestro amor fue puro, fue cómplice,
fue un almendro en primavera,
piedra que construye ciudades,
sombras sobre calles inglesas.

Nuestro amor: una paradoja.
Fue, es, será.
El puzzle de un atardecer
que no sabemos terminar.

  
Samuel Álvarez Conejos 

27 de julio de 2024

Explosión de sentimiento


Escribo versos arrancados
de mi coraza, de mi tinta,
con esta mano que tu inspiras,
y este vicio es su perdición.
Mi cuerpo está deshabitado
y mi mente se debilita,
no esperes a que te lo pida,
tu caricia es mi salvación.

He atravesado verdes prados
y tormentas con voz de trueno,
he aprendido que con denuedo
cualquiera puede ver el sol.
Y aquí me encuentro, sin embargo,
pensando en que aún no te tengo,
ya no hay lágrimas, ya no hay miedo,
nunca es tarde para el perdón.

Tú ya no miras hacia abajo,
y no puedo mirar arriba,
prometiste que volverías
y todo tiene otro color.
Y ahora me siento cansado,
es tarde, estoy a la deriva,
tarde para cambiar de vida,
para escribir una canción.

Llevo tanto tiempo buscando
momentos y versos perfectos,
pero si tú no estás en ellos,
la verdad, no tienen valor.
Hazme memoria del pasado,
quiero abrir mi mente a mil ecos
que lleven tu nombre en su seno,
toda tu esencia hecha expresión.

Pasé mucho tiempo intentando
encontrar alguna salida,
la respuesta a tu gran enigma,
dar sentido a esta confusión.
Y por el camino he encontrado 
innumerables melodías
con dos únicas compañías,
que son mi piano y mi aflicción.

¿Regresarás ante el llamado?
¿Adónde has ido? No te veo,
sombras cobijan mi sendero
desde que la luz se apagó.
Sin ti me siento abandonado,
como un niño sin su maestro.
¿Adónde iré sin tu consejo?
Una ley para el corazón.

¿Qué me hace falta? ¿Qué he olvidado?
Antes el río hacia el mar fluía.
En tu mesa, donde comía,
ya no hay espacio para dos.
¿Dónde he llegado? ¿Qué he alcanzado?
Si soy una utopía extinguida
sé tú el sueño que me reviva
y así viviré de tu amor.

Llevo tanto tiempo esperando
por una señal, un recuerdo,
que no he sido capaz de verlo,
que el destino está en nuestra voz.
Hay demasiado acumulado
bajo mi coraza de hielo,
que tanto, tanto sentimiento
necesitaba una explosión.

  
Samuel Álvarez Conejos 

25 de noviembre de 2023

Elemental


El agua que se escapa de las manos
es recogida por la tierra,
donde el árbol aferra su vida
como la noche abraza al día en el ocaso.
El fuego que arrasa los prados
se ahoga si no danza con el aire.
No puedes oler sus colores ni capturar sus voces.
Déjales ser y coexistirán,
como el hielo reposa sobre la roca.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

6 de abril de 2023

El momento es ahora


Te amo y te elijo
porque somos presente,
y de entre tanta gente
tú eres mi escondrijo.

Quererte es fiable
haga calor o nieve,
pues a tu lado llueve
agua de mar estable.

Cada día te escojo
porque tengo tus mimos,
y cómplices reímos 
al vernos de reojo.

No quiero ser cobarde;
te quiero hoy y ahora,
tomarte sin demora,
antes que sea tarde.

Por eso elijo amarte,
por lo que significas,
porque tú me dedicas
tu tiempo y tu arte.

Qué sencillo sería
Si yo te eligiese
y mi anhelo no fuese
querer una utopía.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

6 de mayo de 2022

Presagios de verano

 

Has llegado cual viento de solano
alzando marejadas
sobre los cimientos de mi pasado,
acercando lluvias que, a destajo,
desnudan mis alarmas
e inundas mis miedos hasta ahogarlos.

Pero también has traído el olor
de agua blanquecina,
de sal, de arena y de campos de arroz,
sellando, con el regreso del sol,
la llegada imprevista
del verano a la vida de los dos.

Si me imagino un fin del mundo es
caótico y bello,
así como tú, como un amanecer
y su arrebol de infinito vaivén,
dibujando en el cielo
aves fénix que acaben en tu piel.

Pero explícame cómo hacer que pare
esos ojos de otoño
que me miran desarmando mis planes,
porque en ellos no hay después, ni hay antes,
son caprichos de Crono,
y en ellos nunca es pronto, ni es tarde.



Samuel Álvarez Conejos

7 de diciembre de 2021

La cierta incerteza

 

 
 
La esperanza es, dicen, lo último que duerme.
Y razón nos les quito, que así ha sucedido,
pues ni eso queda ya, cariño, tras perderme
en esos ojos llenos de otoño y de olvido.

Quedaré resignado, ceñido en mis temblores,
mientras llega el invierno a estas manos frías.
Sin tu voz, sin tu verbo, tu néctar de mil flores,
morirán destempladas, rugosas y vacías.
 
Al perder la costumbre de armarme de tu risa,
de enredarse mis dedos, rizados en tu pelo,
o advertir tu mirada quitando mi camisa,
sumiré envejecido en noches de desvelo.
 
Huiré de la amnesia que intenta hacerme cuerdo
a esperar, sin promesas, del hado algún guiño.
Y amará engurruñada mi alma tu recuerdo
con la fe inocente y terca de un niño.


Samuel Álvarez Conejos

11 de septiembre de 2021

Quererte fue lo más fácil de hacer. Olvidarte no.

 Quemaba. Ardía por dentro incandescente,
quebrándome a su paso.
Desde el interior hacia afuera lo sentía.
Una punzada tras otra contra el abdomen,
perforando en mí cada capa de coraza
forjada año a año, herida a herida.

Comenzó a tan sólo un instante de entenderlo:
No ibas a volver.
Ni tú, ni las noches de verano a remojo,
ebrios de sidra, de sangre y de deseo.
El sol ya no abrazaría más nuestro sueño,
ni mis sábanas recordarían tu olor.

¿Tan sencillo ha sido obviarme, reemplazarme?
Tus ojos no mentían,
más bien gritaban vehementes al mirarme.
Es imposible refutar cada sonrisa,
cada improvisación, cariño, cada juego,
deteniendo el tiempo a nuestro antojo en la cama.
 
Nos invadió un aullido de desesperanza.
Maldita luna llena.
Maldita la que selló nuestra perdición,
reduciendo aquél fuego a polvo sin vida.
Tu mirada perdió el centelleo al verme
y el silencio se cernió sobre nuestra voz.
 
No queda bosque, arcilla, trigo ni oveja
que construya rutina
como la que dejamos atrás para siempre.
Quizá el único futuro que nos queda
tras habernos convertido en desconocidos
es coincidir para volver a conocerse.

 
Samuel Álvarez Conejos 

26 de agosto de 2021

Especial

 
Dicen ser del verano lo contrario al invierno.
Pero el frío no entiende de meteorología,
sólo de las palabras que el miedo vacía,
pues nacen en suspiros y mueren en lo interno.

Yo callaré de nuevo, cuando al verte palpite,
fingiendo una sonrisa casi indiferente.
Y tú amarás mis gestos, como si de repente
quisieras refugiarte y hacerlos tu escondite.

Habrá un brillo en la luna que contigo combine,
llenándome de magia, robándome el sentido.
Notaré melodías, aunque sean ruído,
querré comenzar algo y que nunca termine.

Especial quiero serte, ¿no lo anhelamos todos?
Y aunque calor emane de las ganas unidas,
mi colchón rebosa ausencia de noches prohibidas.
Especial para nadie somos, de todos modos.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

18 de junio de 2021

Alas inquietas

 
Convicción y coraje
constituyen las alas del viajero.
Con ligero equipaje,
sin destino certero,
perseguirá su nuevo paradero.

No nos es nueva usanza
que toda etapa tiene su momento.
Que siempre habrá esperanza
para quien tome aliento
y abra inquietas sus alas al viento.
 
Viajará la memoria,
intacta, desde lo desconocido,
a esta, nuestra historia,
buscando lo aprendido;
ninguna orquídea queda en olvido.
 
Rebosa en mí, con brío,
un orgullo de honra y excelencia,
cual agua de rocío,
por esta coincidencia,
ser familia en The Westin Valencia.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

21 de mayo de 2021

Desmemoria

 
Tristes versos cargados de añoranza,
traslúcido rocío de viñedos,
se deslizan con brío por mis dedos
en busca de un ápice de esperanza.

Mi rostro ya no es aquel lampiño
de quien soñaba absorto con la luna.
La ilusión se convirtió en laguna;
nació un hombre, mas murió un niño.

Los recuerdos devienen en olvido
y la esperanza es un alba lejano,
el marrón que antes era verano
a ojos del que olvida lo vivido.

Quizás haya crecido demasiado
y derribar molinos ya no sea
afán de quien perdió a Dulcinea
en el andar del camino cansado.

Volver, quién pudiese volver a verte
y soplar mariposas en tu palma.
Tu voz era manantial a mi alma,
nuestro amor, mayor que la misma muerte.

Volver, a los tiempos de lo posible,
donde la soledad no daba miedo
porque sin sorteos y con denuedo
echaste en mí tu ancla irreversible.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 


20 de febrero de 2021

Literatura en tu cuerpo


Necesito lectura.
Pero no la que da un libro corriente
colmada de censura;
manzana de serpiente 
que me despierte y que sacie mi mente.

Mi intención ya perpetra
un delito contra tu libro entero, 
y no dejaré letra
perdida en el tintero
que revoque este anhelo pasajero.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 


7 de enero de 2021

La noche expuesta en nuestro abrazo


No cabía esperar que, encontrarte,
volvería de nuevo a revocar
tanta, tanta esperanza malgastada.
Aquella noche entendí que lo eterno
no es eterno en sí mismo,
sino que está forjado y lo compactan
incontables y efímeros momentos.

No hizo falta nada más esa noche.
Nada más que una luna casi llena
sujeta, en un abrazo de madre,
por la bóveda celeste serena
que incauta desnudaba,
sobre el canto de un sigiloso mar
parte de sus recónditos misterios.

Enfurecieron, celosas de vernos,
el agua las nereidas,
bajo el acecho de tímidos astros,
y se encrespó al son de un cielo sin alma.
Pues en medio de la afilada arena,
del cierzo y de las indomables olas
tan sólo tú y yo éramos la calma.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

19 de noviembre de 2020

Estaciones



Nos conocimos
viendo el mar y la luna
tras el verano
 
Cuando marchaste
me quedé como al árbol
deja el otoño.
 
No regresaste,
igual que el sol escapa
al frío invierno.
 
Hay esperanza,
nacerá un nuevo brote
en primavera.


Samuel Álvarez Conejos

30 de octubre de 2020

Consejos a la carta

 
Dicen que hay que perseguir lo que uno quiere;
o que, si no fluye, mejor sin presiones.
Que el amor no se busca, porque se encuentra;
que quizá, mejor, usar aplicaciones.
Que uno al vestir debe sentirse cómodo;
o que uno siempre ha de ir elegante.
Que diga y haga conforme a lo que pienso;
también que nunca hay que perder el semblante.
Que me deje llevar, sin pensar en nada;
o que busque la paz interior y la siga.
Que hay que escuchar y aprender de los mayores;
o no haga caso a lo que nadie me diga.
Que cuide la alimentación y esté sano;
o, qué más da, mejor lo que se me antoje.
Que coja abrigo y paraguas por si llueve;
o baile bajo la lluvia aunque me moje.
Dicen que puedo conseguir lo que quiera;
también que debo dejarte en el olvido.
Que luche por ti, si quiero que te quedes;
o deje de buscar a quien ya se ha ido.
 
 
Samuel Álvarez Conejos 

16 de agosto de 2020

Silencio versado

 


Te he echado de menos ¿sabes?
En realidad no lo sabes.
He tratado de mantener el semblante.
Cuanto más feliz me veas en solitario,
mejor serás capaz de seguir adelante.
El silencio es doloroso, pero necesario.
Para que ningún recuerdo te atropelle,
como me pasa desde nuestra despedida.
Para que no se abran las cicatrices
que quedaron -bajo y sobre la piel- escritas.
Para que no te acuestes cada noche
deseando despertar con nuestras canciones,
cuando voy en busca de ti,
y suceden milagros al creer con los corazones.
Para que no esperes verme al salir del trabajo,
ni malgastes velas que caldeen tu salón.
Para que no te preguntes cuándo se torció todo,
o si acaso ya torcida esta historia nació.
¿Tan mal lo hicimos?
¿Tan agrio quedó nuestro vino?
Me pregunto si todavía te duermes al principio de las películas,
o si sólo te pasaba al apoyarte en mi pecho.
Quizá el reloj desnudo de tu estante ya no marque la hora,
ni la luna ilumine tu cuerpo bajo tu techo.
Quizá mi olor en tu sábanas se disolvió entre otros aromas,
o algún olvido de los míos siga perdido entre tus cosas,
mientras piezas de ajedrez recogen polvo en tu entrada,
y sigue esperándonos la playa con sus olas ruidosas.
O quizá el tiempo haya borrado mis huellas
y no queda nada nuestro en tu memoria.
¿En qué momento caducaron nuestras promesas?
¿Existe lo irreversible? ¿Acaso lo es esta historia?
Siempre quedarán poemas por escribir.
Siempre podremos gritar un «te extraño» en silencio,
aunque luego lo veamos morir,
aunque jamás oigamos su eco.
Mi tristeza no se mide en lágrimas,
sino en cada verso.
Y ahora mismo daría un universo
por sentir una vez más
tu cabeza apoyada en mi pecho.


Samuel Álvarez Conejos

2 de julio de 2020

Contrasentido


Todo y nada es nunca como esperamos:
Abrazos fuertes que rompen por dentro,
perderse y acabar yendo al encuentro,
ausentarse para pedir reclamos.

Reavivar la herida que yace muerta,
confundir con intención de aclararse,
discutir para así reconciliarse;
que la puerta permanezca entreabierta.

Ignorarse para sumar más ganas;
todas esas noches con sus mañanas.
nostalgia que me provoca olvidarte.

Y yo es que ya no sé cómo aclararme:
si quererte aunque acabe por odiarme,
o quererme aunque acabe por odiarte.



Samuel Álvarez Conejos

1 de junio de 2020

Sonrisa trocada


El fin nos encontró a mitad del camino.
¿Adónde irán a parar tantos besos pendientes?
¿En qué bar moriré, junto a cada poema que quedó por escribir?
Algún día seremos dos desconocidos
y todas las promesas habrán caducado.
Dime que estoy equivocado;
que alguien nos convenza de este error.
Nadie debería sentirse abandonado,
y, adentro, puede llegar a ser tan real el dolor.

¿Cómo se deshacen los nudos del estómago?
¿Quién recogerá todas las mariposas muertas?
Explícame en qué preciso momento comienza el declive;
en qué instante cambia la perspectiva entre lo auténtico y lo ilusorio.
¿Qué provoca la caída de la venda que cubre los ojos?
¿En qué momento se quita el clavel y se carga con espinas?
¿Cuándo se cambian los halagos por veneno, los abrazos por indiferencia,
las libertades por prisiones y las verdades por trampas?

El amanecer dará pie a un nuevo día que nos llevará a distintos finales,
y ya no volveremos a saltar al vacío, cogidos de la mano.
Ya ves, que hasta lo eterno algunas veces termina,
y ahora quizá nos ahoguemos, o quizá empecemos a respirar.
Encontraremos la verdad deteniendo las voces de alrededor
para escuchar sólo al viento y su canción.
Y de este fortuito amor, predestinado a caer como el sol cada atardecer.
esparciremos las cenizas al viento para que nunca más vuelvan a arder.


Samuel Álvarez Conejos

15 de mayo de 2020

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